Introducción:

 

Amo los libros y adoro leer. Y por eso he hecho mía una frase de Adolfo Bioy Casares: Creo que parte de mi amor a la vida se lo debo a mi amor a los libros

 

 

Porque amo los libros respeto a los escritores. Muchos me habréis visto decirles «gracias por escribir».

 

 

El problema surge cuando los escritores y las editoriales no me respetan a mí en la misma medida que yo a ellos y sucede lo que me pasa con la mayoría de los libros últimamente. 

 

 

Creo que nos han perdido completamente el respeto a los lectores y que les da igual vendernos un libro que no ha pasado por un control mínimo de calidad editorial a nivel de corrección ortotipográfica. 

 

 

Queridas editoriales: sé que sois un negocio y, por lo tanto, los libros son un producto (lo de que son cultura lo dejaremos para otro momento que hoy no me da tiempo). Y, como tal, nos los tenéis que vender en perfectas condiciones, que la mayoría están llenos de faltas, de erratas y de errores en general. Muchas veces pagamos por libros que no tienen la calidad mínima exigible (y os prometo que paso muchísimas cosas por alto). Y de la misma manera que cuando a un pantalón no le funciona la cremallera, una camisa está sin botones, una camiseta tiene un enganchón o un zapato tiene la suela despegada los devuelvo, lo mismo hago con vuestros libros. Yo tengo la suerte de que el Apple Store me permite marcar una casilla y devolverlo por «producto defectuoso».

 

 

Si en lugar de quejarnos solo de las faltas que tienen los libros de los autores autopublicados, nos quejáramos de todos, pues a lo mejor las editoriales se ponían las pilas y tendrían un buen equipo de correctores, maquetadores y portadistas porque esto es, hablando mal y pronto, un puto desastre.

 

 

 

Algunos lectores me han comentado por privado que ellos se lo cuentan directamente a las editoriales. Me parece muy respetable, pero yo lo que creo es que en el mundillo editorial tienen más cara que espalda; de hecho, en libros de algunas editoriales aparece un correo para que les comuniquemos los fallos que encontremos. ¿Perdona? ¿Que te haga yo tu trabajo encima que estoy pagando por él? ¿Estamos locos o qué?

 

 

La única vez que me he quejado directamente a una editorial en privado, la editora me dijo, con todos sus santos huevos que (y cito literal): «si te apetece indicarme los errores que has encontrado te lo agradecería; si no es así, lo comprendo perfectamente». ¿Que lo comprendes perfectamente? Faltaría más que te haga tu trabajo, tú cobres por ello y yo pague por el libro.

 

 

Hace varios meses, un autor al que reseñé criticándole las faltas de ortografía y la mala puntuación me dijo que yo lo estaba haciendo porque tenía una empresa de corrección. Y eso no se lo consiento ni a mi padre. Porque antes que empresaria soy lectora y los libros están por encima de todo. Tú eres un tontolaba que no sabes aceptar una crítica y atacas porque no tienes argumentos para defenderte (de lo de no saber encajar críticas negativas y azuzar a sus palmeros contra el que las hace también hablaremos).

 

 

He llegado a un punto en el que estoy hasta la mismísima punta del cuerno del unicornio (lo que viene siendo hasta el mismísimo coño) de que me tomen el pelo. Por eso estoy haciendo esta entrada con ejemplos, varios de cada tipo: erratas, faltas de ortografía, errores de «script» y todo lo que surja. Hay para todos (obviamente, grandes editoriales, porque jamás tocaré a un autor novel o autopublicado). Lo que no es normal es que a mí se me salten las lágrimas leyendo Dócil de Aro Sáinz de la Maza porque estaba impecable, cuando esa excepción tenía que ser la norma.

 

 

Porque parece que la única que ve los fallos soy yo. No sé si es que no quieren verlos, realmente no los ven porque no leen aunque digan que sí o ignoran las reglas de ortografía.  Algunos me llaman tiquismiquis. No, no es por ser pijotera (que lo soy), es porque me parece INDECENTE que una editorial me cobre 13 euros por un libro en digital y que esté lleno de faltas. A mí no me regalan los libros las editoriales: yo pago varias tarifas planas y los que no me suben a esas plataformas me los compro. Y tener la conciencia tranquila y no deberle nada a nadie me permite quejarme de todo lo que quiero y de todo lo que me da la real gana. Porque, casualmente, siempre pongo ejemplos, nunca hablo alegremente. Además, mantengo mi criterio en público, en privado y en medio pensionista; porque si hay algo que detesto por encima de todo es la hipocresía. 

 

 

Hasta ahora, he sido bastante respetuosa y en la mayoría no se veía ni título ni autor. Hasta ahora. A partir de hoy se verá y que salga el sol por Antequera. 

 

 

Sé que soy yo sola contra el mundo, pero no me voy a callar y voy a seguir quejándome cada vez que pase por mis manos un libro que tenga fallos como algunos de los que os muestro a continuación.  Son solo algunos ejemplos, las fotos que tenía más a mano porque estaban con la etiqueta #RespetoALosLectores o me ha sido sencillo rescatarlas de mi Facebook. Y algunas las he podido hacer hoy porque tenía fresco el error en cuestión.

 

 

Vamos al lío, no sin antes hacer una puntualización: esto no va contra los escritores ni contra los libros que aparecen aquí; es una entrada pidiendo a las editoriales que nos tengan respeto a los lectores, porque ellas son las responsables de cómo sale el producto a la venta y cómo llega a nuestras manos, que los autores bastante tienen con crear una trama y unos personajes, la corrección no es responsabilidad suya. 

 

Engaño:

 

 

Voy a empezar por algo que no es estrictamente corrección, pero sí es querernos tomar el pelo de mala manera: vender un libro con otra portada y otro título y no avisar de que es una reedición. Eso pasó con Lobos cuando lo publicó su nueva editorial.

 

 

No es el único caso, pero sí el que peor me sentó porque la editorial no se dignó ni a contestar mis tuits hasta mes y medio después. Y tuvo los santos huevos de decir que lo ponía en la web. Mentira cochicha. Podéis ver aquí las puntuaciones que tiene de una estrella por el engaño.

 

 

 

 

 

Erratas:

 

 

Las erratas en estos casos las hubiera detectado el corrector de Word. Entonces pasa a ser desidia.

 

 

 

 

 

Aquí no hace falta ni que os explique lo que sucede: desidia por no revisar cómo queda el libro maquetado en digital.

 

 

 

ERRATAS 2

 

 

 

Estas dos fotos pertenecen al mismo libro. Posiblemente sea un error de maquetación, pero es desidia.

 

 

 

 

 

 

 

 

Y aquí un ejemplo más de desidia total y absoluta:

 

 

 

 

Faltas de ortografía:

 

 

Si pasamos el corrector de Word esta palabra la da por válida porque existe en castellano. Pero hay que dejarse los ojos y ver que un arroyo (de los que tienen agua) se escribe con Y. 

 

 

ARROLLO

 

 

Este caso es similar al anterior: el corrector de Word la da por válida, porque es una forma del verbo elijar, que es exprimir el jugo de algo.

 

 

CAYETANA

 

 

 

Aquí no hace falta que os explique nada, porque los que me seguís en Twitter sabéis que el verbo haber es impersonal. El Word lo hubiese solucionado.

 

 

 

HABÍAN

 

 

Aquí un fallo (de los miles que tiene el libro de Almudena) que nunca hubiese pensado que vería: es le pegaba (porque la pegaba es, si fuese una cosa, y le diese pegamento). Un laísmo de llorar, como pone en la foto, del dolor de ojos.

 

 

LA PEGABA FRANK

 

 

Aquí tenemos un maravilloso «ralla en lo obsesivo». El pobre corrector de Word no distingue raya de ralla y lo da por válido. Y nosotros nos tragamos una falta de ortografía del tamaño de la catedral de Bourges.

 

 

Raya progenie

 

 

 

Esta se explica sola, igual que las siguientes:

 

 

 

 

 

 

Aquí Eva se calla, pero parece que se cae.

 

 

 

 

 

Esta palabra no se acentúa desde el año 2010. Que ya ha llovido para estar un poquito al día de las normas de la RAE.

 

 

 

Fallos de documentación:

 

 

 

 

 

 

 

Esta foto es, como se puede apreciar, de El destino de los héroes de Chufo Lloréns. En 1894 el término autismo no se había acuñado. Tardó muchísimos años en hacerlo. Una psiquiatra me ha dicho hoy que entonces se llamaba esquizofrenia infantil.

 

 

 

 

Fallos de «script»:

 

 

Lo he llamado fallos de script porque lo de incoherencias me parece que no abarca todo al completo.

 

En este caso, con un autor me pasó lo contrario que con el anterior. Cuando reseñé La mujer del reloj de Álvaro Arbina puse que había un fallo y que por eso le había bajado la nota. Si lo hubiese mencionado habría destripado el libro. Él me escribió por privado para preguntármelo; se lo argumenté y me dio las gracias. Es lo que hacen la mayoría: tener en cuenta las opiniones que les pueden servir para mejorar su novela.

 

 

Esta foto se explica sola con el comentario:

 

 

 

Esta foto la comenté en Twitter en su momento: empieza conduciendo Pascual y el coche lo aparca Camino. De una dejadez total y absoluta. Este libro, como otros que aparecen aquí, están devueltos por mala calidad.

 

 

COCHE

 

 

Este fallo se explica solo: este personaje con menos de diez años traficaba con mujeres. Y punto.

 

 

ALRIDGE

 

 

 

El siguiente no sé muy bien dónde encuadrarlo, pero confundir la dactiloscopia con la dactilografía es para aparecer aquí:

 

 

DACTILOGRAFÍA

 

 

Las dos siguientes fotos son de La madre de Frankenstein: en la primera el cumpleaños de María es el 7 de septiembre; en la segunda, el 10. 

 

 

FRANK 1

 

 

 

FRANK 2

 

 

 

 

 

Conclusión:

 

 

Creo que ya está bien. Les exigimos a los autopublicados que suban sus libros a Amazon impecables, impolutos, perfectamente corregidos y maquetados. Y si vemos alguna falta los crujimos. ¿Cuándo vamos a hacer lo mismo con las grandes editoriales que son las que nos cobran un pastizal? El precio medio de las novedades (salvo raras excepciones que salen a la venta por algo menos de 5 euros) oscila entre los 9 y los 13 euros en el Apple Store. ¿Cuánto cuesta una corrección? ¿500 euros? ¿Las grandes editoriales no se pueden permitir invertir ese dinero en un libro para que el producto que nos venden esté perfecto? Pues parece que no. 

 

 

Aunque yo lo que pienso es que nos han tomado por el pito del sereno, porque como les consentimos todo pueden vendernos el libro sin una revisión. 

 

 

Me despido como he empezado: Amo los libros y adoro leer. Y añado: si las editoriales los amarais como los lectores (y no fuesen solamente un negocio para vosotros) no tendríais la poca vergüenza de vendernos productos como los que aquí aparecen. ¡Haced el favor de respetarnos! Somos el eslabón final de la cadena, pero no el más débil.

 

 

 

Sin nosotros no existiríais. Tenedlo claro.

 

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