Reseña: Nos crecen los enanos (César Pérez Gellida)

por Montse Martín
Publicada el 6 Sep, 2022
NOS CRECEN LOS ENANOS

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Opinión personal

 

 

Después de casi un año sin publicar una reseña, solo me podía sacar de mi letargo reseñil un NOVELÓN. Así que aquí estoy para contaros lo que me ha parecido Nos crecen los enanos, la nueva novela del chico de Valladolid.

 

Como todos sabéis, no es que venga yo a descubrir ahora la rueda, el señor de Pelofuego, antes conocido como el puto amo, publica el próximo jueves 8 de septiembre. Tengo claro que a los gellidistas se os haya hecho eterna la espera —porque eso de «de año en año veo tu cara» que decía mi padre se hace muy pesado—, pero os prometo que ha merecido la pena.

 

Porque el chico de Valladolid ha escrito su mejor novela. Y diréis: «Eres un coñazo. Cada vez que publica este tío nos sueltas el mismo rollo». Pues sí, y por dos razones: la primera, porque es verdad, y la segunda, porque Gellida es el mejor escritor de novela negra de este país y de 150 000 kilómetros a la redonda. Que porque no lo premien en los festivales de género (otro día hablaremos de ese tema, que hoy no me da la vida y tengo mucha plancha) no quiere decir que los galardonados sean mejores. Una cosita os adelanto desde ya (y eso que odio sentar cátedra y hoy estoy pontificando cual papisa): César es el puto amo por algo; que no lo digo solo yo, lo decimos todos sus fans, que no es que seamos legión, es que somos ya una gran secta. 

 

Desde que le escuché a Rodrigo Cortés que autoplagiarse es casi obligatorio, yo lo sigo al pie de la letra. Además, como bien sabéis los que me seguís en redes o me conocéis, mi vida está un poquito patas arriba y hoy estoy aquí por ser César, porque no tengo tiempo de nada. Así que voy a rescatar unas palabras de Astillas en la piel  y las voy a adaptar a esta novela. En un artículo de Zenda Gellida mencionó los ingredientes, según él, para una buena novela. A saber: «crear una trama robusta, interpretar personajes potentes, engañar al lector y moverme con soltura por el escenario».

 

Voy a ir desmenuzando esos aspectos para saber si ha logrado su objetivo.

 

  • Trama robusta. La trama principal se articula en torno a una serie de asesinatos muy característicos. El asesino quiere seguir matando y Sara Robles intentar detener esa espiral de sangre y violencia. ¿Trama robusta? Sí. Objetivo conseguido. Juego para el señor de Pelofuego.

 

  • Interpretar personajes potentes. Los principales son Sara Robles y el asesino. Si partimos de la base de que a ambos los he odiado (amado menos) sin solución de continuidad a lo largo de toda la novela, es que son dos personajes llenos de matices, con sus luces y sus sombras, poliédricos. Objetivo conseguido. Set para el señor de Pelofuego.

 

  • Engañar al lector. Esto (lo de engañarnos, digo) lo ha hecho desde su primera novela. Hacernos dudar hasta de la duda es una de las señas de identidad del autor. Aunque nos engaña sin «engaño» (no usa trucos como muchos para que las piezas terminen encajando) y, cuando queremos darnos cuenta, ahí estaba todo lo que no habíamos visto. Aunque en este caso el lector va muchas veces por delante de la investigación policial y conoce cosas que Sara Robles ignora. Y no la podemos avisar. Y lo pasamos mal por ello. Bravo por ti. Objetivo conseguido. Partido para el señor de Pelofuego.

 

  • Moverse con soltura por el escenario. En este caso, al contrario que en las otras dos novelas anteriores, hay muchísima variedad de escenarios y se pasea (y a nosotros con él) como Pedro por su casa. Valladolid, capital del universo conocido y por conocer, es la que más peso tiene, pero visitamos Madrid, Huesca y algunas que me callo para no destripar todas las sorpresas que os esperan. Torneo para el señor de Pelofuego.

 

Bueno, vamos al lío y a desgranar algunas cosas que convierten a Nos crecen los enanos en un NOVELÓN (y ya van… ni me acuerdo), que es a lo que hemos venido:

 

 

¿Qué me ha gustado?

 

  • Portadón (ya sé que se llama cubierta, que no soy imbécil, pero cubiertón queda como el culo de mal) que se ha vuelto a marcar el gran Chevi de Frutos. Una máquina de escribir con manchas de sangre. Y yo me imagino a Gellida aporreando esas teclas, con el secador al lado y me entran los setecientos males.

 

  • El título es, para mi gusto, el que más relación tiene con la historia. Que no es que los otros no la tuviesen, pero en este caso le viene que ni pintado. Vamos a terminar siendo doctores en refranero español. Si no, al tiempo, gellidistas.

 

  • En su predecesora usaba definiciones de crucigramas, y aquí los títulos que encabezan cada capítulo son definiciones de elementos de un circo, pero no aplicados a la actividad circense, porque Gellida tiene que rizar el rizo y los adapta a la escritura. Todos bien traídos y nos adelantan lo que nos vamos a encontrar en cada uno. Por ejemplo: «Carpa: estructura narrativa que cobija un espectáculo circense de palabras». Así empieza la novela. ¿«Espectáculo circense»? Corto se ha quedado, porque menuda ha liado.

 

  • El tema fundamental de la novela sería la maldad elevada a la máxima potencia. Porque todos los escritores se documentan para escribir, pero ¿hacerlo matando gente para que su personaje protagonista, que es un asesino en serie, quede más natural? No me digáis que no hay que estar zumbado, porque esto es una psicopatía de manual.

 

  • Es un libro autoconclusivo, aunque tenga relación con Astillas en la piel se puede leer perfectamente de manera independiente. El autor, como acostumbra, no se autodestripa, así que es una buena manera de empezar a disfrutar de su universo.

 

  • El buen manejo del cambio del foco del narrador, utilizando una tercera persona equisciente para la mayoría de la novela y una primera de un personaje, con la que nos mete en la mente del asesino.

 

  • Ir por delante de los investigadores en muchas ocasiones me ha hecho pasarlo mal. Porque aunque Sara no sea santo de mi devoción, me resultaba imposible ponerme del lado del asesino, con ese ego del tamaño de la catedral de Bourges.

 

  • Los guiños a los que nos tiene acostumbrados a los lectores, que son un homenaje para nosotros pero que a los no habituales no les impide seguir el ritmo de la historia porque son muy asépticos. Y en esta dan un paso más y menciona por boca del antagonista Astillas en la piel y habla de vender medio millón de ejemplares.

 

  • Como casi todas sus novelas anteriores, es imposible de etiquetar un género concreto, porque tiene dosis de todo lo relacionado con la negra y criminal: una buena policiaca procedimental, el ritmo de thriller en muchos momentos y temática y oscuridad como cualquier buena novela negra que se precie.

 

  • Cómo ha ido encadenando los distintos escenarios con una palabra. Me explico: si una escena termina con «su extraña teoría», la siguiente (que es un cambio total de ubicación y de protagonistas) empieza por «teoría y práctica se abrazan…». Un maestro en esto de enlazar así para darle continuidad a la historia.

 

  • Sabéis (y si no ya os lo digo yo) que soy de estómago fuerte y que a mí hay pocas cosas que me revuelvan. Pues bien, cuando acabé la novela (justo el día antes de que mi vida se pusiese del revés) le dije al autor que consideraba que algunas escenas había que suavizarlas porque no había dios que las aguantara de lo fortísimas que eran. No he leído la versión publicada, así que no sé si me ha hecho caso o no (imagino que sí), aunque solamente con que haya mantenido la insinuación ya es muy duro.

 

  • La novela tiene una ordenación temporal in media res y empieza con un personaje real al que casi todos los lectores de género conocemos. Pues bien, cuando estaba leyendo y me topaba con la persona en cuestión en las redes, estaba tan inmersa en la historia que más de una vez le escribí un mensaje y al ir a darle a enviar en cuando me daba cuenta de que era ficción, que la persona no estaba en peligro y que todo era producto de la mente maquiavélica del autor. Porque, como bien se dice en la novela «aunque suene a tópico, la realidad y la ficción se funden y se confunden si uno es lo suficientemente hábil para elegir los ingredientes a conveniencia y agitarlos bien antes de servir el cóctel».

 

  • Más de una vez durante la lectura me he planteado cuánto tendrán en común el asesino y Gellida. Un escritor famoso, que escribe sobre asesinos en serie… ¿Sabéis todos esos casos tan complicados de resolver y que la policía es incapaz de descubrir quién es el asesino? Pues cuando leáis Nos crecen los enanos dadle una vuelta y planteaos si no será el señor de Pelofuego un asesino en serie al que la policía todavía no ha sido capaz de ponerle las esposas. Algún día cometerá un error; no me cabe la menor duda.

 

  • No penséis que se me ha ido la pinza, que sé lo que estoy diciendo. No sé cuántas veces me he acordado de su estampa y de toda su parentela. Porque este tipejo nos las sigue montando cuadradas y sigue sin temblarle el pulso a la hora de matar. ¿Veis en qué me baso para afirmar que este tiene cadáveres por ahí escondidos? Que a mí no me puedes hacer llorar, querido, y lo has hecho.

 

  • Y no me puedo olvidar del romance (o los romances), que ya los iba echando yo de menos, porque una buena historia (sea del género que sea) a mí se me queda coja sin su historia de amor. Pues, oiga, que ha conseguido emocionarme, que es capaz de hablar de amor y de hacerlo de una manera bonita, aunque en la página siguiente se ponga a matar como si no hubiera un mañana.

 

  • Los personajes, como siempre, poliédricos, llenos de matices, sin blancos ni negros, con una gran variedad de grises.
    • El asesino: no voy a decir su nombre, por aquello de que esta novela tiene relación con Astillas en la piel. Nunca pude imaginar que, después de habernos regalado a Augusto Ledesma, César pudiese crear a un asesino en serie que estuviese a su altura. Y lo ha conseguido. La mejor descripción la brinda uno de los secundarios de lujo de la novela: «egoísmo extremo, capacidad para manipular, falta de remordimientos, admiración desmesurada por uno mismo, ausencia de empatía, búsqueda continúa del reconocimiento y tendencia a infligir dolor físico o psicológico como medio de obtención de placer». Como podéis comprobar, una joyita, no le falta un detalle ni un pespunte.
    • La policía: Sara Robles es de todos los personajes del universo Gellida con la que más me ha costado simpatizar (no hablemos ya de empatizar que ni de lejos). Posiblemente por su relación con Ramiro, que es mi favorito del mundo mundial y por todo lo que lo ha toreado a lo largo de estos años. Pues bien, en esta novela, Sara tiene el arco de personaje más impresionante que yo he visto en mi vida. Y no me refiero solamente a los libros de Gellida (que también), sino a todos los que han pasado por mis manos.
      • Y César, como maestro de ceremonias, dirigiendo, cual domador, a estas dos fieras enfrentadas y manejando los hilos de ambos, porque alguno de los dos tiene que conseguir la presa.
    • Los «ayudantes» de protagonistas (antagonista), secundarios de lujo, todos muy bien perfilados y caracterizados, impecablemente dibujados. No quiero mencionar a ninguno porque, sí, queridos, vais a tener emociones muy fuertes.

 

  • Continúo con la pontificación, que hoy me ha dado por ahí. He leído todas las novelas de César (algunas varias veces) y lo he visto brindarnos finales espectaculares y algunos cliffhangers, como el de Dies irae, brutales. Pero en Nos crecen los enanos nos regala un final escandalosamente magistral, para quitarse el sombrero y aplaudir hasta que nos sangren las manos. A mí que me gustan el karma y la justicia poética más que a un tonto un lápiz, no puedo más que darle las gracias por haberme hecho disfrutar tanto. Además, que después de lo que parece un cierre en falso empiecen los giros y las sorpresas está solo a la altura de los grandes, y el señor de Pelofuego lo es.

 

 

Resumiendo, que dice el Maestro: no me voy a repetir más (cómo que no, si esta es la república independiente de mi casa), el puto amo no tiene tope y creo que todavía le quedan muchas novelas por sorprendernos, porque cada historia que nos regala es aún mejor que la anterior, algo que parecía imposible, él lo supera.

 

Como decía al principio, Nos crecen los enanos es una historia potentísima, con una trama macabra brillantemente orquestada, con unos personajes muy bien caracterizados, un ritmo rápido, unos giros narrativos muy bien colocados y un final brutalmente escandaloso. Sin duda alguna, una de las dos mejores novelas que voy a leer este año (la otra la he leído ya también). Me faltan estrellas, pero le daré las 5 ⭐️ de rigor (muy a mi pesar, porque le pondría 20).

 

Si sois gellidistas, sumergíos en sus páginas sin miedo porque vais a disfrutarla como enanos; que no lo sois, podéis empezar por aquí perfectamente (eso sí, crea adicción y pasareis a formar parte del universo Gellida y del gellidismo extremo; luego no digáis que no os lo avisé). ¡Vamos, insensatos, corred, que ya está a la venta en muchas librerías y grandes superficies!

 

 

Autor

 

César Pérez Gellida nació en Valladolid en 1974. Es Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valladolid y máster en dirección comercial y marketing por la Cámara de Comercio de Valladolid. Ha desarrollado su carrera profesional en distintos puestos de dirección comercial, marketing y comunicación en empresas vinculadas con el mundo de las telecomunicaciones y la industria audiovisual hasta que, en 2011, decidió trasladarse con su familia a Madrid para dedicarse en exclusiva a su carrera de escritor.

 

César Pérez Gellida irrumpió con fuerza en el mundo editorial con Memento mori, que cosechó grandes éxitos tanto de ventas como de crítica y obtuvo el premio Racimo de literatura 2012.

 

Constituía la primera parte de la trilogía «Versos, canciones y trocitos de carne», que continuó con Dies irae y se cerró con Consummatum est y por la cual le fue otorgada la Medalla de Honor de la Sociedad Española de Criminología y Ciencias Forenses 2014 como reconocimiento a su ardua labor de documentación.

 

En noviembre de 2014 le otorgaron el Premio Piñón de Oro como vallisoletano ilustre, y en marzo de 2015 apareció su cuarta novela, Khimera. Actualmente sigue escribiendo y colabora como columnista en El Norte de Castilla.

 

La trilogía «Refranes, canciones y rastros de sangre» esta compuesta por Sarna con gustoCuchillo de palo y A grandes males.

 

En noviembre de 2017 publicó Konets, secuela y su precuela de ambas trilogías.

 

En octubre de 2018, con Todo lo mejor inició la bilogía berlinesa, que concluyó al año siguiente con Todo lo peor.

 

En noviembre de 2020 publicó La suerte del enano.

 

En septiembre de 2021 publicó Astillas en la piel.

 

 

 

Datos del libro

 

 

 

 
Título Nos crecen los enanos
Autor César Pérez Gellida
Editorial Suma
Primera edición 8 septiembre 2022
Traducción
Serie

 

 

 

 

 

 

 

 

Puedes encontrar a Montse Martín en Lector Cero. Si quieres un informe literario o una corrección de tu novela, puedes contactar con ella aquí.

 

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