Opinión personal

 

Antes de empezar, lo primero que quiero hacer es pedirle perdón a César por no haber hecho la reseña en su momento. Aunque le mandé un correo mandándole mis impresiones, esas que no puedes contar en un blog sin reventar el libro ni la trilogía, no cumplí mi palabra.

En mi descargo he de decir que desde entonces he estado desaparecida de redes sociales y del mundo. Los motivos, habiendo leído hoy una noticia en un periódico sobre lo que decimos o no a través de Internet, mejor que me los guarde para mí.

Y después de pedirle perdón, quiero darle las gracias por haberse acordado de todos los blogueros en los agradecimientos, lo que demuestra que, además de ser un pedazo de escritor, es una gran persona: si nosotros nos hemos volcado con tus libros es porque son mejores que muy buenos; pero, además, tú interactúas con tus lectores y nos lo haces todo más fácil. Espero que el tiempo no te cambie, que vedettes ya tenemos suficientes en este país.

 

 

Dedicatoria Nick

 

 

Y ahora os cuento como lo descubrí, porque fue muy emotivo. Suelo leerme el prólogo, las notas finales, los agradecimientos y un ladrillo con pastas si se me pone por delante. Pero el día que lo vi se dieron una concatenación de hechos que me hicieron llorar como una loca. Dejé el libro para ir a por un cigarrillo y cuando lo cogí de nuevo se abrió por el final y leí una fecha y un nombre, el de Gabri Ródenas, y me puse a leer. Y al pasar la hoja… mi nick tuitero estaba allí. No es la primera vez, pero sí la primera que es una sorpresa auténtica. Mi madre, emocionada también, cuando se lo enseñé decía: «pero así nadie sabrá quién eres». ¡Ay!, pobre Vi, que no sabe que su hija hace tiempo que ya es más @almaprendida que Montse Martín.

Después de todo este rollo, pasamos a lo importante. ¡Se acabó! El telón se bajó y se cerró la trilogía. En este caso no puedo decir ¡por fin!, porque los voy a echar de menos y aunque el autor dice que algunos volverán posiblemente con novelas independientes, no será lo mismo que no estén todos juntos.

¡Hay que joderse con el chico de Valladolid! ¡La que ha líado! Y eso que este ha sido su debut literario, algo que parece imposible. Los tres libros los escribió seguidos, pero aún así se nota la evolución desde el primero al último. Para mí este es el mejor de los tres, pero no porque todo quede cerrado: los personajes son poliédricos, he sentido más tensión psicológica que en ninguno y termina con un desenlace antológico, como debe ser, un broche de oro para una trilogía mítica.

Dice César al final que se lo ha pasado muy bien escribiendo. Hay que joderse (perdonad la reiteración), que dice Sancho, y yo me lo pasaría igual de bien que él:  haciendo un cameo, con mi pareja de protagonista, saliendo a comer y de copas por los sitios que me gustan, viendo partidos de rugby y sin parar de viajar.

¿Y qué os cuento yo ahora? Pues que no creo que en toda mi vida lectora me haya blasfemado en tantos idiomas como con este libro (la madre que te parió, colega, eres único sacando de quicio a los lectores; eso sí, tómatelo como un piropo, que a mí es lo que realmente «me pone»).

El título, Consummatum est es una expresión latina que podríamos traducir como «todo se acabó». Y aquí todo termina, aunque quedan algunas tramas secundarias abiertas para poder darle pie a continuar con la historia de otros personajes.

La portada, con esa caja de música tan importante en la novela, hace que un objeto tan cotidiano y tan bonito se convierta en algo siniestro.

Ambientada en Islandia, Londres, Dublín, Alemania, Dinamarca, Praga y, como no, Valladolid y otros lugares de España, entre el 11 de julio de 2011 y el 31 de enero de 2012,  la novela está estructurada en un prólogo, 35 capítulos titulados y datados, divididos a su vez en escenas también fechadadas y contextualizadas geográficamente (en el último de los cuales nos enteramos de lo que pasa después con todos los protagonistas), la Banda Sonora y un Poemario.

El prólogo, escrito por mi paisano Lorenzo Silva (recientemente nombrado cronista de Getafe, la «capital del sur»), titulado Ambición y rigor, lo suscribo hasta en los puntos y en las comas: el autor demuestra nuevamente sus sólidos conocimientos policiales y de la psicología criminal, en una novela rigurosamente documentada.

Escrita alternando la primera persona, un narrador personaje, Augusto, y un narrador omnisciente, con un ordenamiento temporal in extrema res, para continuar después con un racconto que sigue un hilo cronológico lineal, con una prosa clara y un gran dominio de las técnicas narrativas,  con las que consigue crear tal intriga y tal tensión psicológica, que logra mantenernos en vilo hasta el final, incidiendo más en los aspectos psicológicos del crimen que en los crímenes en sí.

La trama, con unos mimbres muy bien urdidos, está magníficamente construida, con un ritmo que pasa de ágil a frenético, con un interés que mantiene vivo hasta el desenlace final; además, la intriga basada en una tensión psicológica creciente, va aumentando según vamos pasando páginas del libro.

En Consummatum est, Gellida se supera y consigue absorbernos de tal manera que os juro por mi vida que hacía tiempo que no lo pasaba tan mal como con este libro (hubo un momento que, como yo no conozco bien Valladolid, le iba preguntado a eliott si los policías iban bien y si las calles estaban próximas).

Los personajes principales, a pesar de que ya son como de la familia, están aún mejor dibujados, más poliédricos aún que en las obras anteriores. Y aparece uno nuevo, el comisario islandés Olafsson, que me ha dejado prendada. Creo que él y Erika podrían dar mucho juego en posibles novelas posteriores. Augusto en su línea, es imposible hacer carrera de semejante narcisista megalómano, del que César hace un exhaustivo estudio sobre su perfil como asesino en serie; Ramiro obsesionado con su detención, está a la altura de su antagonista (algo que no he visto en sus predecesoras);  y la inspectora Gracia Galo, con la que no sé el motivo, posiblemente celos, que no digo yo que no,  no consigo empatizar, ese «quiero y no puedo» no lo soporto.

Los escenarios y ambientes, que se desarrollan en innumerables ciudades europeas, magníficamente conseguidos, así como la gira macabra de Augusto.

El desenlace es fabuloso; como ya he mencionado, un broche de oro para una trilogía que pasará a la historia. Me hubiese gustado otro, pero porque soy así, pero si hubiese sido el deseado por mí no sorprendería a nadie, y la gracia consiste en que Gellida, una vez más, se quede con los lectores.

Y para terminar, sigo pensando lo mismo: estoy hasta más arriba de comparaciones odiosas. ¿Por qué no es Larsson el Gellida sueco? ¿También vamos a envidiar a los suecos en literatura? ¡Manda huevos! Y eso que Millenium me gustó mucho, pero Versos, canciones y trocitos de carne es aún mejor.

 

 

Dedicatoria Consummatum

 

 

 

Autor

 

César Pérez Gellida nació en Valladolid en 1974.

Es Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valladolid y máster en Dirección Comercial y Marketing por la Cámara de Comercio de Valladolid.

Ha desarrollado su carrera profesional en distintos puestos de dirección comercial, marketing y comunicación en empresas vinculadas con el mundo de las telecomunicaciones y la industria audiovisual hasta que en 2011 decidió trasladarse con su familia a Madrid para dedicarse en exclusiva a su carrera de escritor.

César Pérez Gellida irrumpió con fuerza en el mundo editorial con Memento mori, que consechó grandes éxitos tanto de ventas como de crítica y obtuvo el premio Racimo de literatura 2012.

Constituía la primera parte de la trilogía Versos, canciones y trocitos de carne, que continuó con Dies irae y que se cierra ahora con Consummatum est.

Actualmente colabora como columnista en El Norte de Castilla.

 

 

Datos del libro

 

 

 
TítuloConsummatum est
AutorCésar Pérez Gellida
EditorialSuma
Primera edición26 marzo 2014
SerieVersos, canciones y trocitos de carne

 

 

 

 

Resumen
Fecha
Título libro
Consummatum est (César Pérez Gellida)
Valoración
51star1star1star1star1star

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Lectora compulsiva y bibliófaga. Correctora en lectorcero.com

Creo que parte de mi amor a la vida se lo debo a mi amor a los libros.

Que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena.

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