Opinión personal

 

 

Tenía muchas ganas de volver a leer a Carmen Sereno porque su bilogía Estocolmo me había encantado. Además, no es ningún secreto que adoro a mi «querida emperatriz turcosueca». En mi caso ha sido una de esas personas que conoces a través de las redes sociales porque estás leyendo un libro suyo y que, poco a poco, pasan a formar parte de tu vida.

 

 

Me hubiese gustado reseñar este libro en otras circunstancias, no en estas tan excepcionales que estamos sufriendo, con un estado de alarma que conlleva la prohibición absoluta de salir a la calle (#QuédateEnCasaLeyendo). Pero los libros me han salvado muchas veces de la locura y aunque en estos momentos nos resulte difícil concentrarnos, debemos pensar que siempre estamos pidiendo tiempo para hacer todo lo que nos gustaría. Ahora tenemos que aprovechar estas semanas para hacer esas cosas que siempre tenemos pendientes y así poder sacarle el máximo partido posible a esta angustiosa situación. Sé que es difícil, pero solamente nos están pidiendo que nos quedemos en casa. 

 

 

Y creo que Nadie muere en Wellington es una buena opción para viajar hasta Nueva Zelanda, ahora que no podemos ni pasear por nuestra calle, adentrarnos en su cultura y disfrutar de un NOVELÓN con mayúsculas. 

 

 

Ambientada en Londres y Wellington en 1999/2000 (excepto el epílogo, que tiene lugar tres años más tarde), la novela está estructurada en un prólogo, tres partes tituladas subdivididas en capítulos y un epílogo. Siguiendo un orden cronológico lineal y utiizando un narrador personaje en primera persona,  Nadie muere en Wellington nos narra  la historia de Emma y cómo una tragedia le hace tomar una decisión: cambiar drásticamente su anodina vida en Londres e intentar empezar de nuevo. 

 

 

En Wellington conoce a David, el dueño de la cafetería donde encuentra trabajo, un tipo atormentado y hermético.

 

 

David y Emma viven cargando sobre sus espaldas el dolor de sus propias culpas. ¿Conseguirán aligerar el peso de esa mochila que lastra sus vidas?

 

 

Vamos al lío:

 

 

¿Qué me ha gustado?

 

 

  • Creemos que morir es duro, pero morir es lo de menos. Lo difícil es seguir viviendo mientras todo muere a nuestro alrededor. Esta cita de la primera novela de Dan Fante, Chump Change, es lo primero que nos encontramos. Porque este libro está lleno de dicotomías: la muerte está presente, pero es un auténtico canto a la vida y a la esperanza. 

 

 

  • Aunque la vendan como romántica esta es una novela que va mucho más allá. Porque es una historia llena de dolor, de culpa, de sentimientos a flor de piel que traspasan el papel, llena de emociones. Un relato muy intimista que ha conseguido no solo tocarme el alma, sino que se ha instalado en mi corazón y se quedará durante mucho tiempo. Como he dicho muchas veces, los sentimientos no entienden de géneros; somos nosotros los que nos dedicamos a poner etiquetas sin sentido, la mayoría de las veces absurdas.

 

 

  • Los títulos de las partes (El destino es una caja de galletas, La ciudad del viento y La paradoja de la fuerza irresistible), que realmente tienen que ver con lo que sucede en cada una de ellas. Porque la decisión de Emma de darle un giro radical a su vida e instalarse en la otra punta del mundo tiene que ver mucho con el destino.

 

 

  • Averiguar el porqué de su título, que me ha parecido de una originalidad para quitarse el sombrero. No os voy a decir de dónde viene, pero sí que Wellington, la capital de Nueva Zelanda, es la ciudad del planeta con la tasa de mortalidad más baja del mundo. 

 

 

  • El homenaje que le hace a sus autoras favoritas, bien mencionando sus obras o recordándonos sus argumentos. También la banda sonora de la novela.

 

 

  • Acostumbro a leer novelas de ritmos vertiginosos (y trepidantes y adictivos) pero agradezco cuando me topo con una de ritmo pausado, porque «me dan paz». Una lectura de esas en las que parece que no pasa absolutamente nada (cuando si lo analizamos durante un segundo nos damos cuenta de que sí que suceden cosas, porque lo que estamos leyendo se llama vivir), pero que nos está llenando por completo por todo lo que transmite.

 

 

  • Ritmo pausado para paladear y saborear la manera de escribir y transmitir, pero también un par de giros y un supergirazo que me dejó con el corazón encogido. Porque hay un detalle que se intuye y que, obviamente, es predecible. Pero la intriga sobre  qué le pasa a David consigue mantenerla tan bien que cuando me enteré de la verdad completa la maldije en urdu, en kswajili y en maorí. Eres una pommie, querida, pero de las peores.

 

 

  • Y otra cosa no sé, pero Carmen Sereno escribe tan bonito y tan bien que no solo es capaz de transmitir los sentimientos de sus personajes, sino que consigue que esos mismos sentimientos traspasen el papel y nos lleguen, y así poder ser capaces de sentir y padecer lo mismo que ellos. 

 

 

  • Soy una persona de lágrima fácil en la vida real (no queráis saber todo lo que llevo llorado durante los últimos nueve días) pero, igual que en el caso de la risa, es muy difícil que una lectura lo logre. Pues aquí no es que se me haya caído una lagrimita. No. La Sereno si se pone lo hace a lo grande. Hubo un momento en el que tuve que parar porque lloraba a lágrima viva y me resultaba imposible contener tantísimas emociones.

 

 

  • Considero que es muy difícil utilizar un narrador en primera persona para expresar sentimientos del resto y Carmen Sereno aprueba con una nota muy alta. Porque no solo consigue transmitirnos los de Emma (que es la que nos cuenta su historia), sino que también podemos ver y sentir a través de ella los de David y los del resto de personajes que la acompañan.

 

 

  • La exquisitez con la que ha tratado las pocas escenas eróticas que aparecen (porque la novela no se presta a ello), aunque he de contaros que en esta novela Carmen Sereno ha descrito unas de las escenas más sensuales que yo he leído a lo largo de mi vida sin que los protagonistas tengan sexo. 

 

 

  • Los personajes son redondos, llenos de matices y de claroscuros, con sus luces y sus sombras. Emma es una joven de veintiocho años que vive en Londres rodeada de muerte en el más amplio sentido del término; su vida se resume de casa al trabajo, del trabajo a casa y en mantener una relación por la fuerza de la costumbre con un tipo insulso y aburrido. David es el dueño de la cafetería en el que Emma empieza a trabajar cuando llega a Wellington; un tipo hermético al que hay que sacarle las palabras con calzador. Kauri, un maorí, es el mejor amigo de David y su contrapunto; todo lo que David tiene de introvertido lo tiene Kauri de extrovertido; con él la autora ha roto el tópico de que el mejor amigo de la protagonista sea un chico gay y se lanza de cabeza a la piscina brindándonos el personaje más noble y desprendido de todos los que aparecen en sus páginas. De los secundarios prefiero no hablar porque algunos llevan sorpresa incorporada y es mejor que lo descubráis vosotros solitos.

 

 

  • La documentación manejada para que la ambientación sea perfecta. Hablando de ambientación: Carmen ha sido muy valiente y se ha salido de la norma, y en lugar de repetir patrón y que la historia se desarrolle en Barcelona, se ha ido a las antípodas. Y para que nosotros nos creamos que realmente estamos allí, nos habla de su climatología, de su paisaje, de sus comidas, de sus costumbres (rugby incluido, #AllBlacks), de la opresión del pueblo maorí y de cómo han conseguido que sus tradiciones sobrevivan… He hecho surf en sus playas, me ha despeinado su viento, he visto las pohutukawas de la portada en vivo y en directo, he paseado por sus calles, he horneado y comido bagels y, cómo no, he disfrutado de un partido de rugby entre Nueva Zelanda y Australia, con haka incluido.

 

 

  • El glosario que ha puesto al final para que podamos consultar todas las expresiones y palabras utilizadas en la novela que son propias de aquella zona.

 

 

  • El epílogo es para aplaudir hasta que sangren las manos. Sabéis (y el que no lo sepa ya se lo recuerdo yo) que los detesto, salvo que sean cortitos y me den información necesaria (en este caso se cumplen los dos requisitos). Pero la Sereno no es que dé un paso más allá, ella da tres vueltas al mundo, y nos brinda un final que es un auténtico regalo, una bomba de emociones a la línea de flotación de nuestro pobre corazón. 

 

 

 

Resumiendo, que dice el Maestro: no deseches esta novela porque sea un libro romántico. Aquí no hay sensiblería ni ñoñería, que es por lo que muchas personas reniegan de este tipo de literatura. Aquí todo es sensibilidad, emociones a flor de piel y sentimientos.

 

 

Nadie muere en Wellington es una historia sobre segundas oportunidades y la búsqueda de la felicidad, esa felicidad que en la mayoría de las ocasiones se nos escurre entre las manos como consecuencia de la rutina diaria y de la costumbre. Y aunque el pasado nos duela, no nos debe condicionar y tenemos la obligación de seguir mirando hacia adelante y elegir nuestro propio camino. Porque vivir consiste en tomar decisiones y elegir ser feliz es la principal.  

 

 

Nadie muere en Wellington es una novela que me ha hecho perder un sístole cada dos diástoles, que me ha tenido el corazón como si fuera un ascensor bajando y subiendo del estómago a la garganta, y que me ha dejado sin aliento en más de una ocasión. Muchísimo más que recomendable. Leedla, insensatos, que me lo agradeceréis. 5 ⭐️

 

 

 

La vida está llena de pérdida y reencuentros que necesitan llorarse para que el alma humana mantenga su propio equilibrio, igual que la naturaleza.

 

 

La única manera de lograr lo imposible es creyendo que sí es posible.

 

 

Gracias, emperatriz, por esta dedicatoria, por ser y por estar. 

 

 

Dedicatoria Carmen

 

 

Autor

 

Carmen Sereno (Barcelona, 1982) es periodista y ha trabajado en diversos medios de comunicación y grandes corporaciones. 

Un día se dio cuenta de que había demasiadas historias por ahí que debían ser contadas y lo dejó todo para cumplir su gran sueño de ser escritora. Viajar es lo segundo que más le gusta después de escribir. Fotografiarlo todo, lo tercero. 

Habla varios idiomas y le apasionan los países nórdicos, sobre todo Suecia. De hecho, lleva la palabra «Estocolmo» tatuada en el brazo, aunque, cuando le preguntan, suele decir que es simbólico para hacerse la interesante. 

Está casada y tiene un hijo que, curiosamente, fue concebido en esa ciudad. 

Con Maldito síndrome de Estocolmo ganó la primera edición del Premio Chic. Azul Estocolmo completa la bilogía.

Nadie muere en Wellington es su tercera novela.

 

 

Datos del libro

 

 
TítuloNadie muere en Wellington
AutorCarmen Sereno
EditorialPrincipal de los libros
Primera edición11 marzo 2020

 

 

 

 

Puedes encontrar a Montse Martín en Lector Cero. Si quieres un informe literario o una corrección de tu novela, puedes contactar con ella aquí.

 

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