Opinión personal

 

 

Me llamó la atención Los lobos no piden perdón de Miguel Conde-Lobato primero por su título y después por su portada (soy frívola, lo sé, no lo puedo remediar). Pero después me atrapó la sinopsis y aunque las frases grandilocuentes de autores reconocidos en las fajas me echan siempre para atrás (fundamentalmente porque pienso que la mayoría no se han leído la novela y utilizan frases genéricas que pueden servir para cualquiera), tengo una Santísima Trinidad en la novela negra y criminal española actual a la que venero y de la que me fío totalmente: Rufo, Gellida y Jurado. En este caso era el último el que la recomendaba así: Este es uno de esos thrillers, tan difíciles de encontrar, que lo tienen todo para enganchar al lector. A mí me tuvo un par de noches prácticamente en vela. Estamos ante una novela de la que se va a hablar durante mucho, mucho tiempo.

 

¿Tenía razón el señor Jurado? Pues en parte sí y en parte no, porque lo de thriller en cuanto a ritmo rápido y a desarrollarse todo en un período muy corto de tiempo no lo he visto por ningún sitio. Pero sí que es una novela que tiene todos los ingredientes para enganchar a cualquier tipo de lector. Respecto a lo de que se va a hablar de ella durante mucho tiempo, el tiempo lo dirá, y perdonadme la redundancia.

 

En Los lobos no piden perdón conocemos a Carlos Wolverine, un periodista freelance que ha sido elegido por Onofre Castro, un ex alto cargo que ha sido detenido como presunto autor del asesinato de siete mujeres. El político ha puesto como condición para confesar sus crímenes contarle su historia a Carlos.

 

La jueza acepta la petición y Carlos se ve convertido de la noche a la mañana en el vehículo transmisor del mensaje de un psicópata. Sus artículos se publican en portada en su periódico y pasa de ser un periodista desconocido a convertirse en una celebridad.

 

¿Es Onofre Castro un lobo con piel de cordero o un cordero con piel de lobo? ¿Asesino o víctima? Y Carlos, ¿manipulador o marioneta?

 

 

 

¿Qué me ha gustado?

 

 

  • El título, impactante como poco, junto a esa portada rojo sangre, que da escalofríos solo de verla. Había aprendido que por mucho que las ovejas siempre pidan permiso, los lobos nunca piden perdón. Una frase para meditar, porque la mayoría de nosotros podemos ser víctimas en un momento u otro de nuestra vida (en este caso las ovejas de la frase) y alguien tiene que luchar por defender nuestros derechos y ayudarnos a rebelarnos.

 

 

 

  • La estructura de la novela, que se articula en cuatro partes tituladas, que se subdividen a su vez en capítulos. En la primera parte, La llamada, asistimos a las reuniones entre Carlos y Onofre en la cárcel de Teixeiro en la que está encarcelado. De cada entrevista sale un artículo encabezado por un titular que nos golpea en nuestra conciencia social. En la segunda, La entrevista, Carlos se ha hecho famoso y se lo rifan las cadenas de televisión; su forma de pensar ha cambiado y su opinión es palabra de Dios para el gran público. En la tercera parte, El premio, y en la cuarta, La verdad, Carlos se da cuenta de que hay algunas cosas que no le terminan de cuadrar y que le chirrían, y empieza una investigación por su cuenta.

 

 

 

  • Que el autor no se ha limitado a las entrevistas entre Carlos y Onofre. Carlos ha ido haciendo una investigación paralela con familiares y amigos de las siete víctimas. Y en esas va viendo cosas que le hacen sospechar de si no estará siendo manipulado para un fin que se le escapa.

 

 

 

  • La denuncia social que planea por todas y cada una de las páginas: el periodismo, las noticias falsas, la verdad y la posverdad, las redes sociales y su importancia en nuestra vida, la pena de muerte, la violencia contra las mujeres… Carlos es el prototipo de periodista que no tiene dónde caerse muerto pero, al ser elegido por Onofre para cubrir las entrevistas que él quiere dar, se convierte de la noche a la mañana en una celebridad. ¿Era peor periodista antes que ahora? No. Pero ahora está en boca de todos porque con él ha hablado el asesino más famoso de España. Por otro lado, tenemos las redes sociales, que parece que el mundo gira en torno a ellas y no, son solo una pequeña parte del sentir de la población (en mi caso, sin ir más lejos, comparto despacho con diez personas: solo yo las utilizo). En relación con las redes sociales, las noticias falsas (disculpadme, pero detesto fake news desde siempre porque es un anglicismo, pero desde que esa palabra no se le cae de la boca al loco que parece que lleva un pájaro en la cabeza, la detesto); en la era de internet cualquiera puede soltar un bulo y que este corra como la espuma; el difama que algo queda de nuestra época.

 

 

 

  • En cuanto a los personajes, con un narrador protagonista en primera persona (Carlos), es difícil que la caracterización del resto sea como la suya, pero están lo suficientemente esbozados como para que nos hagamos una idea de cómo son todos y cada uno. Me ha gustado mucho la evolución de Carlos y de Onofre, el resto son meros cooperadores necesarios que pasan sin pena ni gloria porque no son importantes para el desarrollo de la trama.

 

 

  • La novela es de ritmo pausado, mucho, hasta que cuando queda aproximadamente un cuarto da un giro de 180º, que no vemos venir en ningún momento (pero sin engaños, porque lo que el autor utiliza para hacer ese giro narrativo está ahí desde el principio, y yo lo vi, porque era algo muy claro, pero pensé que eran paranoias mías) y pone la trama patas arriba y a nosotros y nuestras teorías patas abajo. Y a partir de ese momento todo se convierte en un no parar.

 

 

  • El desenlace es imprevisible, inteligente y muy original. Los lobos no piden perdón podría ser considerada una novela como se publican cientos cada día hasta ese giro del que os he hablado. A partir de ahí no dejamos de encontrarnos con una sorpresa detrás de otra, hasta llegar a un final insospechado.

 

 

  • Lo que más me ha gustado de la novela, sin duda, es que me ha hecho enfrentarme a unas convicciones que yo creía firmes e inamovibles, y me ha demostrado mis contradicciones. Porque, vamos a ver, soy partidaria de cadena perpetua en casos como este (siete mujeres asesinadas, siete, que se dice pronto), o en los de violencia de género (señores, que nos están matando, que ya son más de mil mujeres asesinadas desde que se tienen registros, y que nadie me hable de violencia «intrafamiliar» porque no respondo de mí), o en el de los pederastas (maldita sea vuestra estampa, vistáis sotana o no)… Hace poco leí (creo que en un libro de Connelly, pero no lo recuerdo), que es mejor 99 culpables libres que 1 inocente en la cárcel. Duro, ¿verdad? También algunas veces me planteo si la pena de muerte no será la solución para algunos casos (como el de los violadores, que me río yo de la reinserción de estos HDLGP), pero a algunos si los matas les haces un favor, porque ya tienen todo perdido, ¿para qué vivir?

 

 

  • Pero durante la lectura de Los lobos no piden perdón me he involucrado tanto con lo que Miguel Conde-Lobato me iba contando por boca de sus dos protagonistas que esas firmes convicciones que yo pensaba que eran sólidas han ido variando y me he planteado una y otra vez el eterno debate sobre la verdad y la posverdad, sobre los juicios paralelos en los periódicos y las redes sociales (entendidos como la rapidez con la que condenamos a alguien y luego ni nos acordamos si esa persona era tan culpable como lo creímos en su momento. Porque otra cosa no, pero todos llevamos dentro un juez y un verdugo, un entrenador de fútbol, un escritor y todas las profesiones que se os ocurran).  Y ahora, unos días después de terminarla, he vuelto otra vez al punto de partida, pero con la certeza de que lo que yo creía inamovible no lo es tanto y que los principios ni son tan sólidos ni tan férreos, que depende del momento y de la situación, y que nada es blanco o negro completamente, sino que existe una amplia escala de grises para elegir.

 

 

 

¿Qué «me» ha fallado?

 

 

  • Los lobos no piden perdón es un libro con un ritmo demasiado lento para tratarse del género que es. Un poquito más de ritmo no le hubiese venido mal. Pero, claro, todas las cuestiones «filosóficas» que se plantean entre Onofre y Carlos no pueden agilizarse más, son como tienen que ser. 

 

 

 

Resumiendo, que dice el Maestro: Los lobos no piden perdón es una novela que me ha parecido muy novedosa en cuanto a su estructura (muy acorde con la evolución del personaje principal), con una historia que pone de manifiesto que nada es blanco o negro, que hay infinidad de matices de grises, con dos personajes a los que he ido odiando y amando según avanzaba en la lectura, con una gran dosis de crítica social, con multitud de frases para reflexionar y rumiar durante mucho tiempo, y un desenlace insospechado. No me atrevo a recomendársela a todo el mundo porque no tiene el ritmo acostumbrado en este tipo de novelas, pero para mí es una historia de 4,5 ⭐️

 

 

 

Autor

 

 

Miguel Conde-Lobato es un conocido publicista, fundador y director creativo de la agencia BAP&-Conde, con treinta años de experiencia y más de noventa premios nacionales e internacionales.

También ha sido profesor en escuelas de negocios y áreas de posgrado de las universidades de Santiago de Compostela, La Coruña y Valencia.

Ha publicado dos libros de no ficción, Knowcosters, cuando el low cost es el mal y Target, manual de instrucciones, y esta es su primera novela.

 

 

 

Datos del libro

 

 

 
TítuloLos lobos no piden perdón
AutorMiguel Conde-Lobato
EditorialEdiciones B
Primera edición6 junio 2019

 

 

 

Resumen
Fecha
Título libro
Los lobos no piden perdón (Miguel Conde-Lobato)
Valoración
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