Opinión personal

 

En un día como hoy, el Día del Libro, uno de los más importantes (si no el que más) para los lectores, me hace especial ilusión venir con un libro de uno de mis escritores favoritos: Félix G. Modroño.

 

Y, como no podía ser de otra manera, vengo a hablaros de su última novela, La fuente de los siete valles, que salió a la venta hace apenas unos días y que a mí me ha durado apenas unas horas, lo mismo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks.

 

No sé si al autor le va a hacer gracia esta confesión, pero es lo que hay. Y no es porque la novela tenga un ritmo frenético, que no lo tiene, ni porque tenga una trama supercompleja en la que no dejan de suceder cosas, porque tampoco, simplemente es porque el autor tiene una manera de escribir con la que te va envolviendo y embaucando y cuando te quieres dar cuenta no te ha dado tiempo ni de decir un capítulo más porque ya has llegado al final. Es lo que tiene ser un gran escritor.

 

Estamos en 1878. Pablo Santos regresa a su tierra natal después de casi veinte años viviendo en Roma y trabajando en el Archivo Secreto del Vaticano.

 

Ha vuelto porque el obispo le ha encomendado la recuperación de los libros desaparecidos de San Millán de la Cogolla durante todo el siglo XIX por culpa de la invasión napoleónica, las guerras civiles y las desamortizaciones. 

 

Cuando empieza a investigar descubre que uno de ellos es un grimorio y se obsesiona con su recuperación.

 

Él entró en el seminario más por hambre que por vocación y cuando se marchó a Roma estaba enamorado de Lucía Garay (aunque nunca fue capaz de reconocerlo). Su encuentro con ella lo hace enfrentarse a todos sus temores pasados y lo obliga a pensar en su futuro.

 

 

¿Qué me ha gustado?

 

 

  • Tengo que reconocer que a Félix, igual que a Víctor del Árbol o a Gellida, los leo sin saber de qué va la historia y sin fijarme ni siquiera en la portada; es un libro de ellos y los leo porque sí, porque son tres de mis escritores favoritos y no necesito más para empezarlos a leer. Pero esta portada con el monasterio de Yuso en San Millán de la Cogolla, en esos tonos sepias, es una maravilla. Igual que de maravilloso me ha parecido descubrir durante la lectura por qué La Rioja es conocida como «la de los siete valles» y de dónde viene ese nombre.

 

 

  • La relación entre la fuente del título y lo que sucede en la novela. Que a lo mejor esa relación solo la veo yo, pero aquí soy soberana y así os la cuento. Muy bien lograda, asombrosa.

 

 

  • La historia me ha parecido muy original y, sobre todo, muy arriesgada. Porque ni en siete mil vidas hubiese imaginado yo a este autor ideando una historia así. No me preguntéis por qué, pero no le pega. Aunque una vez terminada la novela solo me queda felicitarle por su valentía, porque se ha enfrentado a un reto difícil y para mí lo ha superado con nota. 

 

 

  • No soy muy amiga de las novelas narradas en primera persona por un personaje protagonista pero en este caso es todo un acierto, porque conocemos a Pablo Santos a la perfección. Además, es un narrador muy fiable y sabemos que todo lo que nos está contando es cierto.

 

 

  • Que con una trama simple (sin que eso sea peyorativo) ha armado una novela muy buena, porque Félix escribe bonito (no hay otra palabra que pueda definirlo mejor, perdonadme), tiene una prosa pulcra y exquisita que nos transmite sentimiento en cada  párrafo y nos va envolviendo sin que nos demos cuenta.

 

 

  • Y eso que el ritmo de la novela es pausado, para que podamos deleitarnos en su manera de contarnos y en lo que nos está contando. Y aunque hay un par de misterios o «secretos» a lo largo de la obra, el final es lo de menos, lo importante es el camino que nos lleva hasta allí.

 

 

  • La mezcla de personajes reales y ficticios, que lo hace de una manera muy natural. Aprovechando que Pablo Santos ha estado muchos años en Roma conocemos, por ejemplo, a Marcelino Menéndez Pelayo, con el que nuestro protagonista coincidió en la Ciudad Eterna y con el que se encuentra por casualidad en Madrid. Sus conversaciones me han parecido sublimes. También conocemos a Espartero y al marqués de Murrieta, por mencionar a algunos de ellos.

 

 

  • Los personajes muy bien perfilados y perfectamente caracterizados a nivel físico y psicológico. Me ha gustado vivir lo mismo que Pablo gracias a ese narrador personaje, pero me han parecido magníficos los de de Esther, la posadera, y también el de Lucía, la novia de juventud de nuestro protagonista.

 

 

  • Que a Modroño le gusta documentarse para sus novelas no es ningún secreto. De hecho, al final del libro hay una «Nota del autor» en la que nos cuenta los libros que ha manejado para hacerlo. Pero esa documentación la inserta de una manera muy sutil, sin abrumarnos con datos ni hechos históricos, solamente para situarnos en el contexto en el que se desarrolla la trama y que sepamos qué sucedía en aquellos momentos. Hacedme caso cuando os digo que no tiene nada que envidiarle a cualquier libro de Historia; al contrario, es muchísimo más clarito y más certero que algunos manuales que han pasado por mis manos, porque habla, por ejemplo, de casi todas las constituciones del siglo XIX y de algunos de los pronunciamientos militares con mucha precisión y concisión (y os aseguro que es difícil sintetizar esa época, en la que los militares no dejaban la espada quieta ni un segundo).

 

 

  • Que la novela es todo un homenaje al saber en su más amplio sentido: a la literatura, a los libros, a la historia, a los monasterios como fuente de conocimiento…

 

 

  • Pero también es un homenaje a los sentidos con todos los platos típicos de la zona que aparecen en la novela y al vino y las bodegas de la comarca.

 

 

  • Cómo ha mezclado el vocabulario de la época con algunos localismos riojanos, lo que es toda una delicia para cualquier lector que se precie.

 

 

  • Los guiños que se hace a sí mismo: paseos del protagonista por el Arenal, una joven con los ojos grises. ¿Quién mejor que uno mismo para hacerse propaganda? Ole tú, Félix. 

 

 

  • La ambientación es una maravilla, con una contextualización histórica fabulosa. Si me apuráis podría decir que La fuente de los siete valles es, en este sentido, casi una novela costumbrista (lo mismo que dije cuando reseñé La ciudad de los ojos grises). 

 

 

  • La ciudad, otra vez, protagonista de su novela. En esta ocasión, varias: Madrid, Bilbao, Logroño… Con una ambientación tan cuidada y tan exquisita, los lugares por los que transitan sus personajes tienen que convertirse obligatoriamente en un protagonista más de la historia.

 

 

  • Y un desenlace que me ha dejado ojiplática, porque de verdad que no esperaba ningún sobresalto ni ninguna sorpresa ni ningún giro final en esta novela. Pero ha conseguido sorprenderme y dejarme muchísimo más que satisfecha.

 

 

  • Que la novela me ha hecho pensar (y mucho), en qué hubiera hecho yo en la situación de Pablo. Pues miren ustedes, lo mismito que él. ¿Dónde hay que firmar? Porque lo hago ya, sin dudarlo un instante.

 

 

 

¿Qué «me» ha fallado?

 

 

 

  • Es una pijotería de las mías (pero aquí la que escribe y da su opinión soy yo), pero me ha molestado durante toda la lectura y mi obligación es decirlo: en los diálogos hay muy pocos verbos de habla pero utiliza demasiado el «rio» como sustitución y eso de que se rían tanto a mí me ha terminado saturando. Porque cuando hablamos no siempre nos reímos, hacemos muchísimas más cosas. 

 

 

 

Resumiendo, que dice el Maestro: La fuente de los siete valles de Félix G. Modroño me ha parecido una novela con una historia tan original como arriesgada, con una ambientación fabulosa, con un contexto histórico muy bien documentado pero con la información insertada de una manera muy sutil, con un personaje protagonista de quitarse el sombrero y con un final brillante, tan brillante como todo el conjunto. 4,5 ⭐️

 

 

 

Olvidarse de los libros es olvidarse de la historia, de la experiencia de otros, de la evolución del pensamiento, de la reivindicación de nuestro yo, de formarnos ideas propias sin injerencias, de protegernos de las manipulaciones. Olvidarse de los libros es olvidarse de nuestra libertad. Y es que no hay mayor esclavitud que la ignorancia.

 

 

 

Autor

 

 

Félix G. Modroño es un escritor vizcaíno, afincado a orillas del Cantábrico.

Tras licenciarse en Derecho en Salamanca, trabajó durante más de dos décadas en el sector financiero, que abandonaría para dedicarse en exclusiva a la literatura.

En 2007 publica La sangre de los crucificados, protagonizada por el doctor Zúñiga, un peculiar investigador del siglo XVII, que también sería el protagonista de sus siguientes obras: Muerte dulce (2009) y Sombras de agua (2016).

Con La ciudad de los ojos grises (2012) cosechó un gran éxito de ventas y el reconocimiento definitivo de los lectores.

En 2014 obtuvo el XLVI Premio de Novela Ateneo de Sevilla, uno de los más prestigiosos en lengua castellana, con Secretos del Arenal.

La fuente de los siete valles es su sexta novela.

 

 

Datos del libro

 

 
TítuloLa fuente de los siete valles
AutorFélix G. Modroño
EditorialErein
Primera edición11 abril 2019

 

 

 

Resumen
Fecha
Título libro
La fuente de los siete valles (Félix G. Modroño)
Valoración
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