Reseña: ¿Quién es Olimpia Wimberly? (María Frisa)

por Montse Martín
Publicada el 19 Nov, 2022

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Opinión personal

 

 

Llevo fatal madrugar, llevo fatal tener que trabajar para vivir, pero lo que llevo muy mal es que me tomen el pelo como lectora. Eso consigue sacar lo peor de mí y por esto estoy hoy aquí, para contaros lo que me ha parecido ¿Quién es Olimpia Wimberly? de María Frisa.

 

Antes de empezar quiero hacer un inciso, que esta vez será muy largo, pero muy necesario. Sé que muchos escritores se enfadan cuando les sacamos pegas a sus libros y no nos parecen igual de maravillosos que a ellos, que para esos son sus hijos. También sé que cuando puntuamos con estrellas quieren saber por qué le hemos dado solo una o dos; piden una crítica constructiva para aprender. Pero ¿sabéis qué? Los lectores reseñamos para otros lectores, no para que los autores tomen nota y aprendan de sus errores. Se supone que si han escrito una novela, la historia ha pasado por lectores cero (o beta) —pagándoles o gratis—, la han corregido, maquetado, hecho una cubierta y puesto a la venta.

 

Y una vez que se pone a la venta, el libro es un producto y, como tal, está sujeto a valoraciones, buenas, malas, regulares, mediopensionistas o lo que nos dé a nosotros la mismísima real de la gana.

 

Que ya está bien de la romantización de la literatura, que ya está bien de que nos digan lo que debemos o no leer, que ya… Pero, sobre todo, dejad de meteros donde nadie os ha dado bola. O sois escritores o no lo sois, pero no podéis estar en misa y repicando, y llorando por las esquinas porque alguien os ha roto la media dándole tres estrellas a vuestra novela o la crítica negativa no ha sido de vuestro agrado porque sois humanos y os ha hecho daño.

 

Que los lectores opinamos para otros lectores, no para deciros a vosotros en qué tenéis o no que mejorar, sino para que esos lectores que nos siguen en redes o están suscritos a nuestras webs sepan por qué no nos ha gustado un libro y que se piensen un par de veces si invertir su tiempo y su dinero en él.

 

Porque esa es otra: el dinero. Los libros no los regalan (por lo menos a mí) y como cuestan dinero pasan a ser un producto. Como he dicho antes, ya está bien de la romantización de la literatura y de que exijáis que tenemos que valorar el trabajo que hay detrás de una novela. Que yo lo valoro muchísimo, de hecho he dado las gracias por escribir a infinidad de autores. Pero si un libro no me ha gustado, como he pagado por él (en este caso 20.90 euros) estoy en mi derecho de dar mi opinión sobre él, le guste más o menos al autor del libro en cuestión, porque, como he dicho antes, yo reseño para lectores.

 

Cuando empecé a bloguear, yo no hacía reseñas negativas. Me daba mucha pena «destrozar» un libro y no hacía ninguna entrada. A estas alturas del partido, considero que me debo a los lectores que me siguen y que se fían de mi criterio (gracias, queridos, sois los más mejores del mundo mundial), porque les puedo ahorrar unos euros para que se compren un libro que sí que merece la pena.

 

Y diréis: «pero es tu opinión y, como tal, subjetiva». No. Subjetivo sería decir que a mí una novela (sea del género que sea) se me queda coja sin romance o que me apasiona que haya más de treinta muertos en una novela con un asesino en serie de protagonista, pero decir que un libro está mal editado porque, como es el caso de esta novela, el malo (los malos) se ve desde el tren, porque los personajes son bastante planos o porque tiene una mala corrección es objetividad. Lo podéis disfrazar de lo que queráis, pero eso es objetivo y demostrable.

 

Creo que el problema es que muchos tenemos tolerancia cero a la frustración y no nos agrada que se diga públicamente que algo está mal. Por eso muchos colegas míos en esto de reseñar no se atreven a hacer reseñas negativas de autores españoles, porque saben que lo van a pasar mal y nos les compensa. El autor se va a enfrentar a ellos por haber osado decir que su novela no es maravillosa y, lo que es peor, va a alentar a sus palmeros para que, cual jauría, vayan a acosar al bloguero que ha tenido la poca delicadeza de cometer tamaño despropósito.

 

Las críticas negativas vienen en el lote. Tu novela puede ser maravillosa y a un lector no parecérselo, y está en todo su derecho a decirlo. Lo del respeto en una crítica sí que es subjetivo, porque nunca (créeme, nunca) te va a gustar que hablen mal de tu obra, por eso siempre vas a pensar que se ha ido a hacer sangre, a destrozarte y a no aportarte nada que te pueda servir para mejorar (pero, recuerda, que los lectores no tenemos obligación de decirte tus fallos).

 

Es posible que me esté poniendo la tirita antes de hacerme la herida, pero creo que no. Así que aviso a navegantes: no voy a consentir ni una sola falta de respeto por dar mi opinión de esta novela en mi web (que es mi casa y me cuesta el dinero), por un libro que he pagado yo (y recordad que se ha convertido en un producto) y en el que he invertido mi tiempo, que es lo más preciado que tenemos. Esto lo digo porque el otro día vi una foto en el muro de Facebook de María Frisa de una conversación que había mantenido por Twitter y a sus seguidores poniendo a parir a la tuitera que había osado dar su opinión sobre uno de sus libros. 

 

Continúo con el libro objeto de esta entrada. Hacía mucho que no hacía una reseña en negativo, pero ¿Quién es Olimpia Wimberly? me ha parecido una tomadura de pelo tan superlativa y un insulto a mi inteligencia tan grande, que aquí estoy, un sábado de noviembre a las once de la mañana, para contaros por qué no os recomiendo este libro y por qué va a pasar a la lista de mis grandes decepciones del año. 

 

Algunos os preguntareis si las expectativas (de hecho la cubierta va en la foto de portada de las novedades editoriales de negra y criminal de noviembre y ahí solo pongo los libros que me muero por leer) han podido jugarme una mala pasada, porque había leído las dos novelas anteriores de María y me habían gustado mucho, sobre todo El nido de la araña, que me pareció una maravilla. Creo que no. Si hubiesen influido diría que este libro es peor que los anteriores, pero jamás que es un auténtico despropósito. Sí, despropósito. 

 

Vamos al lío, que es a lo que hemos venido:

 

 

¿Qué me ha gustado?

 

  • Creo que es la primera vez que esto lo voy a dejar en blanco, porque ¿Quién es Olimpia Wimberly?  hace aguas desde el principio (¿cómo pueden estar los compañeros de Olimpia pensando que se va a morir y a los quince minutos estar fuera de un hospital más fresca que una lechuga?; no termino de verlo) hasta el final. Y decir que está bien escrito o que se lee de un tirón por los capítulos cortos no me entusiasma tanto como para figurar en este apartado.

 

 

 

¿Qué «me» ha fallado?

 

  • Empezamos por el título: ¿Quién es Olimpia Wimberly? Pues os voy a ser muy sincera: después de casi 450 páginas, no he llegado a conocer a la protagonista. Y eso es muy triste. ¿Y sabéis por qué? Porque la autora no ha conseguido que los sentimientos de Olimpia traspasen el papel y me lleguen. 

 

 

  • La estructura en capítulos cortos siempre es buena para acelerar el ritmo de la narración y para crear tensión narrativa; pero aquí no están bien conseguidos ninguno de los dos.
    • El ritmo se ve constantemente interrumpido por la introducción de datos y más datos que no vienen a cuento (ahora iré con este tema) y que no aportan nada a la trama.
    • La tensión narrativa brilla por su ausencia, porque antes de la página 100 ya sabía el quién, el cómo y el porqué. Si un lector lo tiene todo clarísimo desde tan pronto es que algo ha fallado. Y ha sido la trama.

 

 

  • La trama tiene dos hilos temporales: el del presente y el de los años ochenta. Es un hilo cronológico lineal en los dos casos, y con las pistas que va dando en la historia del pasado rápidamente he descubierto todo; pero no es que haya ido variando de opinión y haya acertado en la hipótesis catorce. No, lo he adivinado todo a la primera, porque se ve desde el tren. 

 

 

  • La utilización de un narrador equisciente ha tenido mucho que ver con la frialdad que me ha trasmitido la historia y lo poco cercanos que he notado a los personajes. Y cuando una historia no te llega y con los personajes no empatizas, mal.

 

 

  • Los giros narrativos, como acabo de mencionar, los he visto desde lejos. Solo ha habido uno que no me esperaba, pero no es que haya tenido mucha importancia porque ha sido casi al final. 

 

 

  • Por todo esto para mí se ha convertido en una lectura muy lineal y muy plana, sin sobresaltos, a lo que también ha contribuido que la acción que promete la novela en el primer capítulo se haya quedado ahí, porque no ha habido más intervenciones de ese tipo del «equipo clandestino» que comanda Olimpia.

 

 

  • Las infinitas referencias sin venir a cuento me han agotado y lastran muchísimo el ritmo de la novela. Documentarse no es hacer un capítulo completo sobre el pesaje de las almas en el antiguo Egipto y terminar con un doctor que llegó a la conclusión de que el alma pesaba veintiún gramos; ni mezclar la joyería Tiffany (¿a mí qué me importa que se hiciese famosa por Desayuno con diamantes) con la escritura automática y el mecenazgo de los Medici en la Italia del Renacimiento en otro; ni hablar del canon de Policleto para intentar perfilar a un personaje. Y no puedo dejar de mencionar la «clase magistral» de dactiloscopia que ha pretendido darme; vamos a ver, que estoy jarta de leer novelas negrocriminales, no necesito que me digas de dónde se pueden sacar mejor las huellas dactilares. Documentarse es que yo no me entere de todo lo que sabes porque me lo deslizas sin que se note; aquí me lo han metido con calzador para que yo vea todo lo que ha leído. Y la guinda ha sido que me explique la historia de Superman y quién es Lois Lane; para abrise las venas a bocaos.

 

 

  • Vamos con la corrección y la maquetación. El libro tiene faltas de ortografía a puñados, como separar el prefijo de la palabra a la que antecede o poner en redonda anglicismos que tienen que ir en cursiva. Y ahora viene cuando la matan: la cursiva. ¿A qué cabeza pensante se le ha ocurrido poner en cursiva toda la parte del pasado? ¡¡¡Pero si va fechada!!! ¿Para qué castigar la vista de los lectores poniendo esa letra del demonio? Con la fecha y la localización geográfica no hubiese necesitado cursiva, pero si lo que queríais era remarcarlo, haber cambiado el tipo de letra (pero ¡¡¡en redonda!!!). Y no acaba aquí: qué empacho de comillas; a mí me gustan mucho (de hecho, aquí hay unas cuantas), pero cuando te las encuentras cada tres frases terminas hasta la mismísima punta del cuerno del unicornio de verlas.

 

 

  • Los personajes apenas están esbozados. Aparecen muchos y apenas los he conocido, porque no están bien caracterizados. Y por si no era bastante, los pocos rasgos de los que los ha dotado los han convertido en detestables. Solo he conseguido simpatizar un poco con Liam, los demás me han resultado todos odiosos y algunos son un calco de otros y perfectamente intercambiables entre sí, solo los distingue el nombre, no tienen una voz narrativa propia. Con el único giro que no he adivinado ha querido humanizar a Carlotta, pero se ha dedicado a echar tanta mierda encima de ella durante la novela que ya era imposible enmendar el error.

 

 

  • La novela está ambientada en Estados Unidos, concretamente en Nueva York (la parte de los años ochenta) y en Washington D. C. (la del presente). ¿Me he paseado por Estados Unidos? Pues no. Perfectamente podía estar ambientada en Getafe, porque no he visto nada americano. A lo mejor en Getafe no, pero en la «aldea» de Lugo en la que paso mis vacaciones se podría haber desarrollado perfectamente y no hubiésemos notado la diferencia. Que bien, que vale, que para algunas escenas que suceden en ¿Quién es Olimpia Wimberly? era necesaria una «americanada», pero yo tendría que haberme sumergido en las costumbres y no lo he hecho. Por otro lado, el lujo del que habla en la contraportada del libro ha quedado resumido a la discoteca Studio 54, las drogas y las marcas de la ropa, que como ya sabéis los que me seguís es algo que no soporto.

 

 

  • Vamos con la contraportada, que también tiene su historia. «Capacidad para tensionar las tramas»; pues cuando el qué, el cómo y el porqué es tan fácil de averiguar, no termino yo de ver que esa frase sea cierta. «Giros inesperados»; pues, en mi caso, tampoco, porque los he visto desde lejos; como he mencionado, solo se me ha escapado uno, que tampoco era fundamental para la trama, solo para entender a un personaje. «Amores prohibidos y secretos inconfesables»: no veo ni una cosa ni la otra; llamar en 2022 «amor prohibido» a la historia que se cuenta en la novela me parece de una mentalidad medieval y los «secretos inconfesables» se van deduciendo solos al poquito de empezar la lectura.

 

 

  • El desenlace no me ha sorprendido porque trescientas páginas antes ya había atado todos los cabos que tenía que atar y, parafraseando a mi amiga Ara Rufo, ya había hecho yo la trenza y no me había quedado ni un pelo fuera. Averiguar tan pronto el quién, el cómo y el porqué ha sido un lastre (aunque no tan grande como el de las referencias).

 

 

Resumiendo, que dice el Maestro: ¿Quién es Olimpia Wimberly? es una historia de la que esperaba muchísimo más después de haber leído las dos novelas anteriores de la autora. Es una novela negrocriminal con un ritmo muy lento para ese género y sin demasiada acción, en la que las «pistas» no están lo suficientemente escondidas para mantener la tensión y la intriga, con unos personajes bastante planos y muy desdibujados, y un final para olvidar por lo evidente que me ha resultado desde muchísimas páginas antes.

 

 

¿Lo más preocupante? Que la protagonista recibe una llamada en la última página y esto puede ser el principio de una serie/saga. Porque ni que decir tiene que a mí Olimpia y sus colegas de «Oficina» me han quitado las ganas de tener ganas y no me van a pillar en otra. Estoy segura de que será la mayor decepción del año: 1 estrella.

 

 

 

 

Autor

 

 

María Frisa es licenciada en Psicología Clínica y tiene un posgrado en Psiquiatría.

Es autora de los premiados libros de cuentos Uno mismo y lo inesperado y Como entonces.

También ha escrito varias novelas, entre las que destacan Breve lista de mis peores defectos, Cómo sobreviví a la madre de Pavlito, Cuídate de mí y El nido de la araña.

Además, es autora de la exitosa serie juvenil «75 consejos para sobrevivir».

 

 

 

 

Datos del libro

 

 

 
Título ¿Quién es Olimpia Wimberly?
Autor María Frisa
Editorial Ediciones B
Primera edición 16 noviembre 2022
Traducción
Serie

 

 

 

 

 

Puedes encontrar a Montse Martín en Lector Cero. Si quieres un informe literario o una corrección de tu novela, puedes contactar con ella aquí.

 

lector cero

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