Opinión personal

 

 

Tenía muchísimas ganas de reencontrarme con Alaitz Leceaga. El bosque sabe tu nombre me encantó, así que esperaba ansiosa Las hijas de la tierra. Pero como uno propone y dios dispone, el día de su publicación estaba en Urgencias en el hospital y allí me lo tuve que descargar. En ese mismo momento me puse con él, porque no hay nada mejor que un libro para salvarnos de la locura, pero no me concentraba. Y después de terminarlo he entendido por qué: esta novela trata, entre otras muchas cosas, del dolor; y no creo que haya un dolor (no físico, que también es duro de sobrellevar) comparable al de la incertidumbre, al de no saber a qué atenerte.

 

 

Por eso el sábado, con todo más asentado, decidí que era su momento. Fue cogerlo y no poder para de leer (bueno, miento, sí paraba, porque no quería terminarlo, me daba muchísimo miedo tener que despedirme de los personajes, que habían pasado a formar parte de mí, y también tenía auténtico terror a que la historia no se cerrase como yo deseaba).

 

 

Hace unos minutos, hablando con María, le he comentado que no sé si es que Alaitz tiene un don y mucho que contarnos, si es que la Romero Dorr (qué cansinitud contigo, querida, te menciono más que a los escritores, creo que te voy a dedicar un apartado exclusivo) convierte en oro todo lo que toca, o es que juntas han formado un tándem perfecto. Pero Las hijas de la tierra (y os juro que no exagero ni un poquito) va a ser uno de los tres mejores libros que lea este año (sí, ya sé que queda un trimestre completo en el que se publican auténticas maravillas; soy muy consciente de mi aseveración).

 

 

A pesar de haber leído por encima la sinopsis (porque últimamente me fío menos de ellas que de los políticos que nos desgobiernan) salvo bodegas, saga familiar y maldiciones, no sabía muy bien qué me iba a encontrar entre sus páginas. Hablando de sinopsis: creo que destripa demasiadas cosas y que hay que tener un poquito de cuidado con ellas. No es necesario que sean testamentos. Pueden ser muchísimo más cortitas y, sobre todo, insinuar sin destripar. No sé a quién hay que pegarle la bronca, pero haced el favor de tener un poquito más de cuidado, que muchas sorpresas nos las reventáis antes de que empecemos a leer. 

 

 

Y lo que he hallado dentro es difícil de describir, aunque lo voy a intentar, pero es una novela completamente redonda. Perdón, NOVELÓN: tiene un argumento maravilloso, una trama muy bien armada, unos personajes superpotentes y muy creíbles, y un desenlace que, aunque no era el que yo quería, es un broche perfecto para un libro que me resultará difícil olvidar, porque es de los que se te quedan dentro, pegados a la piel, que se te enreda en el alma tanto por lo que cuenta como por la forma de narrarlo. 

 

 

Vamos a intentar resumir, que es a lo que hemos venido:

 

 

 

¿Qué me ha gustado?

 

 

 

  • A pesar de que la portada no me gusta mucho (es una manía mía que no me llamen la atención las que son imágenes de personas) está muy acorde con el interior. Y se entiende el porqué cuando se ha cerrado la novela.

 

 

 

  • El título, obviamente, que le queda como anillo al dedo. Las Veltrán-Belasco no son solo hijas de la tierra porque viven de ella, son también hijas de su tiempo y de la región que las ha visto nacer. Son esclavas de lo que les ha tocado vivir, pero Gloria, Teresa y Verónica se rebelan contra esa tierra que les da la vida y, a la vez, las oprime. Porque, aunque ellas no lo saben, son fuertes como las cepas y, aunque estén ancladas a esa tierra, son mucho más poderosas de lo que creen.

 

 

 

  • La originalidad de bailar las letras de unos apellidos que estamos acostumbrados a ver escritos al revés: Veltrán-Belasco. Y se comprende cuando descubrimos el significado de esas dos palabras en otros idiomas, y la importancia que tiene ese vocablo en la historia.

 

 

 

  • La importancia de los nombres en la novela (o me lo ha parecido a mí porque la he terminado el día de san Miguel, san Gabriel y san Rafael) y he asociado el del primero como «matador de demonios», y nuestras protagonistas están rodeadas de ellos, tanto interiores como externos.

 

 

 

  • Que se ha documentado para desarrollar la historia alrededor de las primeras bodegas riojanas, pero en ningún momento cansa que se hable de uvas, de cosecha, de fertilizantes, de cubas y demás. Está todo tan bien insertado en la historia que la elaboración del vino es un protagonista más.

 

 

 

  • Los temas tratados que son, en su mayor parte, desgarradores, sobre todo porque muchos son intangibles pero sus daños son permanentes: el dolor en todas sus expresiones, tanto el físico como el emocional; los demonios interiores y la locura en todas sus acepciones; la ambición y la falta de escrúpulos; odios y rencores enquistados; el machismo y cómo las mujeres somos menos por el mero hecho de serlo y cómo éramos invisibles en esa época; y, como tema en torno al cual gira todo, la lucha de un grupo de mujeres por dejar de ser inferiores, y su empoderamiento para tomar el control de sus vidas sin tener que estar sometidas a la dictadura de nadie.

 

 

 

  • La forma exquisita de tratar algunos de esos temas, como la homosexualidad y los abusos. Y aquí voy a hacer un alegato de los míos. Las mujeres hemos sido abusadas, sojuzgadas, sometidas, humilladas y maltratadas desde tiempos inmemoriales por nuestros padres, nuestros hermanos, nuestras parejas, nuestros amigos. Antes guardábamos nuestro dolor en silencio, porque era algo que nos avergonzaba, y en soledad. Desde que hemos empezado a hablar de esos abusos en público nos hemos dado cuenta de que muchas han pasado por lo mismo que nosotras y que juntas somos más fuertes. Es una cadena (esta palabra la emplea la autora) que cada vez tiene más eslabones; y si un eslabón se desgasta, las demás somos lo suficientemente fuertes juntas como para poder con todo. Pues bien: este alegato queda magníficamente retratado en la novela. Las hermanas Veltrán-Belasco cogen las riendas de sus vidas cuando se unen como una piña, porque se dan cuenta de que juntas son invencibles.

 

 

 

  • La manera de fusionar de forma magistral, como ya hizo en su novela anterior,  la fantasía, el género histórico y una saga familiar, junto con la situación de la mujer a finales del siglo XIX y el inicio de la industria del vino en La Rioja.

 

 

 

  • Se nota que Alaitz escribe lo que a ella le gustaría leer, y hay algunos temas recurrentes en sus novelas, como elementos sobrenaturales (que están tan bien tratados que terminamos creyendo en ellos, por lo menos en mi caso), las familias y su disfuncionalidad (lo que viene siendo que en todas partes cuecen habas) y los elementos del gótico victoriano. Y lo transmite tan bien que te enredas en las páginas y no te suelta. Solo hay que ver los libros que aparecen mencionados en la novela y el guiño que le hace a su literatura favorita.

 

 

 

  • El estilo de Alaitz, ágil y sencillo, con una prosa elegante y muy cuidada, con la que logra no solo transmitir sentimientos y enredarnos con sus palabras; también nos seduce a través de una intriga que se va entretejiendo a lo largo de la novela  y consigue que terminemos formando parte de ella sin darnos cuenta.

 

 

 

  • Los giros narrativos, pocos pero inesperados e impactantes. Hay un par de páginas en las que, de pronto, nos encontramos con una sucesión de sorpresas, una detrás de otra y sin parar, que estaban ahí pero para mentes privilegiadas, y que han dado un giro de 180º a la historia. Solo por eso me quito el sombrero, Alaitz, y te aplaudo hasta que me sangren las manos.

 

 

 

  • Las reflexiones de Diana, un personaje secundario que me ha robado el corazón, que son auténticas sentencias, y las visiones de Verónica, la benjamina de las hermanas, que adelantan algunas de los hechos que van a suceder.

 

 

 

  • Aunque la historia es fabulosa, se nos desharía entre los dedos como esos terrones de las cepas que aparecen en la novela si no estuviese apuntalada por unos buenos personajes. Las hermanas Veltrán-Belasco y todo el elenco que las rodea son humanas, creíbles, potentísimas y con una evolución bestial a lo largo del libro. Desde Gloria, que empieza como una jovencita apocada que se esconde en los libros y termina convirtiéndose en un personajazo, hasta Verónica, la pequeña de la familia, que tiene una sensibilidad especial; pasando por Teresa, la mediana, «maldita» como todas las mujeres de su estirpe. Pero también hay algunos masculinos que son de quitarse el sombrero, tanto los antagonistas (mira que me gusta a mí una mala malísima, pero en este caso los malos están soberbios) como los secundarios, que son un auténtico lujo.

 

 

 

  • Cómo ha plasmado las diferencias entre las mujeres en Francia y en España, y los milenios de adelanto en derechos sociales y políticos que nos llevaban nuestras congéneres galas. Pero también en cuanto a infraestructuras y adelantos entre un país y otro.

 

 

 

  • La ambientación, que es uno de los puntos fuertes de la novela. Sobre todo esa falta de lluvia, esa sequedad que hace que sintamos el polvo en nuestras fosas nasales y nos impida respirar.  Y el tema de lo sobrenatural, que envuelve toda la novela, que en algunos momentos sí que provoca que perdamos una sístole entre latido y latido, y en otros dos diástoles. Esa oscuridad, esa mansión con tantos secretos como habitaciones, que en algunos momentos crea escenas de casi terror.

 

 

 

  • El desenlace, como ya he adelantado, no es el que yo hubiera preferido, pero es un broche perfecto para una historia maravillosa. También le permite a la autora (que no es que haya ningún cabo suelto, porque no lo hay), poder seguir escribiendo sobre estos personajes, porque dan para hacer varias novelas.

 

 

 

 

¿Qué «me» ha fallado?

 

 

 

  • Hay unas cuantas expresiones (como la de «a un tonto un lápiz») que no sé si son de esa época. A mí me han chirriado bastante, pero no por lo políticamente correcto o no, simplemente porque no sé si corresponden con el período. Obviamente, esto no le resta ni media estrella (de todas maneras, si esta reseña la hubiese publicado en el otro blog, tendría 6 plumas, porque 5 se quedan cortas).

 

 

 

  • Me encanta que se titulen las partes, los capítulos y los subcapítulos, pero en este caso algunos de ellos destripan demasiado. Aquí me sobran muchos de esos títulos porque, por ellos, ya sabía qué iba a pasar antes de que sucediera. Y yo prefiero las sorpresas.

 

 

 

Resumiendo, que dice el Maestro: Las hijas de la tierra es un NOVELÓN con mayúsculas, una historia intensa y dura que te hará sufrir y blasfemar al vivir junto a nuestras protagonistas todas las trabas que les ponía la sociedad a las mujeres en esa época y cómo les castraba su libertad, con unos personajes femeninos inconmensurables, unos giros que me han dejado con la boca abierta, y un desenlace a la altura. Una de las mejores novelas que leeré este año, sin ninguna duda. Gloria Veltrán-Belasco ha venido para quedarse, y Las hijas de la tierra pasa a ser un imperdible de esta web y de mis estanterías. No dejéis de leerla, por favor.  5 ⭐️

 

 

Hay dos tipos de embrujo en esta vida: el que tienen algunos objetos o casas, y el que algunas personas llevan dentro. Y cuando se juntan ambos, los demonios caminan libres.

 

 

 

Autor

 

Alaitz Leceaga (Bilbao, 1982) es una apasionada lectora de novelas victorianas, de terror y sagas familiares.

Después de publicar numerosos relatos cortos en distintos portales de internet, que suman más de 60 000 lecturas y cientos de comentarios positivos, se lanzó a escribir su primera novela.

El bosque sabe tu nombre (2018) se convirtió en un fenómeno editorial incluso antes de su publicación.

Las hijas de la tierra es su segunda novela.

 

 

 

Datos del libro

 

 

 
TítuloLas hijas de la tierra
AutorAlaitz Leceaga
EditorialEdiciones B
Primera edición19 septiembre 2019

 

 

 

Puedes encontrar a Montse Martín en Lector Cero. Si quieres un informe literario o una corrección de tu novela, puedes contactar con ella aquí.

Resumen
Fecha
Título libro
Las hijas de la tierra (Alaitz Leceaga)
Valoración
51star1star1star1star1star

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