Opinión personal

 

Conozco a Víctor desde hace años porque me habló de él una persona que conocí en Facebook (las redes sociales algunas veces son una maravilla). Nunca había leído nada suyo y solo habíamos intercambiado comentarios sobre nuestra pasión común: el Atleti. Por eso cuando me enteré que iba a publicar Se llamaba Manuel pensé que era un buen momento para estrenarme con él.

Se ofreció a que me lo mandara la editorial y le dije que me diera quince días, porque no quería comprometerme, y que si en ese tiempo lo publicaban en digital prefería comprármelo. Y es lo que hice a la semana de publicarse. Me ha durado un suspiro, lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks (sí, citando a Sabina, que también hay algo de él en el libro que hoy os traigo).

Cuando en la Nochebuena de 1952 aparece un cadáver en la Casa de Campo, el inspector Gonzalo Suárez, adscrito a la Comisaría de Centro de la calle Leganitos, se hace cargo del caso. Una investigación que se complicará (y complicará su vida) cuando se descubra quién es el muerto.

Por otro lado tenemos al teniente Arturo Saavedra, que se encarga de negociar con los americanos los términos del acuerdo para que estos instalen sus bases en España.

Y, por último, conocemos a Margarita Uriarte, a la que un amigo le pide un favor: que ayude al Partido Comunista a averiguar qué se traen entre manos los americanos en España.

Estas tres historias son las que conforman la trama de Se llamaba Manuel, una novela ambientada en Madrid desde finales de 1952 hasta octubre de 1953,  y que está estructurada en un prólogo (que se desarrolla en 1934 en Oviedo), 27 capítulos y un epílogo.

Utilizando un narrador omnisciente en tercera persona y siguiendo un orden cronológico lineal (que se ve roto, en algunos momentos, por flashbacks), con un estilo conciso, directo y elegante, Víctor ha creado una trama que se compone de esas tres historias paralelas mencionadas, que se cruzan y se se separan y se vuelven a unir durante toda la novela, componiendo una historia muy sólida y muy compleja, con un ritmo ágil que se mantiene durante toda la obra gracias a la intriga (que nos va envolviendo poco a poco, porque no tenemos ni idea de por dónde van los tiros, aunque podamos hacer nuestras suposiciones) y al cambio constante de actores en cada capítulo.

 

 

¿Qué me ha gustado?

 

  • El título, que es muy acertado. Manuel está muerto cuando empieza la novela, pero es en torno a él y a su muerte sobre lo que gira toda la obra. Es el eje que articula todas las historias (aunque hay un nexo aún más grande del que no puedo hablar).
  • Un prólogo que nos relata una historia sobrecogedora y desgarradora, que me ha hecho estar dándole vueltas a la cabeza durante toda la lectura sobre quiénes podrían ser los protagonistas.
  • La ardua labor de documentación es palpable pero no satura. Víctor nos da la información justa para ponernos en situación y ambientar su historia, pero no nos da ningún dato superfluo para demostrarnos todo lo que se lo ha currado, algo muy de agradecer. La investigación que hay detrás no debe notarse, en ningún momento se debe agobiar al lector con datos y datos que no le interesan. En Se llamaba Manuel el autor lo cumple a la perfección.
  • Lo bien que ha fusionado el género histórico y la novela casi «negra», por la negrura del ambiente en el que se desarrolla (una España gris y oscura), por la crudeza de algunas de las situaciones descritas y por lo negro del corazón de algunos de los personajes.
  • Lo bien que ha sabido enlazar las tres tramas que, en principio, no tienen ningún punto en común. Pero poco a poco vamos viendo cómo empiezan a unirse y a separarse, a enlazarse y a desenlazarse, hasta que descubrimos cuál es el punto de unión que tienen las tres.
  • He descubierto a un gran «contador de historias», porque conocemos la vida de casi todos los personajes que aparecen en la novela y por qué son como son y lo que les ha llevado a ser así. La mayoría son muy duras, y a Víctor no le ha temblado el pulso al contarnos los hechos tal y como sucedieron, con mucho realismo y aún más crudeza. Las descripciones son tan vívidas que algunas me han espeluznado.
  • Los personajes son redondos, poliédricos, llenos de matices y de aristas. Aunque hay buenos y malos, Víctor huye del maniqueísmo y ni los buenos son tan buenos ni la mayoría de los malos lo son tanto, con la excepción de Arturo Saavedra, que es un hijo de puta de manual (perdonadme la expresión, pero no hay otra que lo pueda definir). Por un lado tenemos a Gonzalo, un inspector de policía, en el que lo primero que sorprende son sus ideales para ser un «servidor del Régimen»: es un hombre íntegro, honesto y justo; por mucho que sus jefes se empeñen en cerrar el caso de Manuel (total, es un homosexual), él quiere descubrir quién es su asesino. Arturo Saavedra, un teniente del ejército, el antagonista, el malo malísimo, un tío sin escrúpulos, hipócrita, un ejemplo de la España de esa época. Y Margarita Uriarte, llena de odio, pero a la que entenderemos perfectamente cuando conozcamos su historia y todo lo que le tocó vivir. Aparte de los protagonistas, me han gustado mucho David, Canelita, Inés y Tica, además de Rosa, la madre de Manuel. Todos son importantes y todos y cada uno aporta su granito a la historia. ¿Quién puede escribir una buena novela sin unos secundarios que no estén a la altura de los actores principales? Y todos están tratados y retratados con el mismo mimo y cuidado, son humanos, de carne y hueso.
  • Lo bien que ha integrado la música y el cine en la novela, para ambientar aún más la historia. ¿Y qué no decir de mi Atleti? Era raro que en esa época alguien con la profesión de Gonzalo fuese de mi equipo, pero igual que ha roto moldes haciéndolo buena persona (lo fácil hubiese sido hacerlo malo, que es a lo que estamos acostumbrados), también lo ha hecho socio del que derrocha «coraje y corazón». Y esto no es una tontería: el himno actual es de 1974 y me ha hecho gracia el guiño que ha hecho Víctor poniendo en boca de un americano que eso podría ser una buena letra para un himno.
  • Los escenarios y ambientes magníficamente conseguidos, sobre todo el retrato de la sociedad de la época, gerifaltes de misa de día y puteros por la noche; la doble moral del nacionalcatolicismo está perfectamente retratada. También hay que destacar el contexto histórico en el que se desarrolla, la España que empieza a salir del aislamiento internacional en el que había estado sumida durante la época de la autarquía, con los americanos queriendo hacer «negocios» e invertir aquí; una España que va pasando del negro de la  inmediata posguerra al gris oscuro de los inicios del aperturismo.
  • El desenlace es, y cito palabras del autor que he hecho mías, «honesto». Y, a pesar de eso, me ha encantado, no podía haber escrito un final mejor. Me he podido cabrear más o menos, pero si lo hubiese hecho de otra manera no hubiese sido creíble. Posiblemente hubiera cerrado el libro más feliz, pero eso me hubiera durado solamente un instante y después habría pensado que me había tomado el pelo. Honesto pero redondo, porque todas las piezas encajan en su sitio y todo las incógnitas que han ido apareciendo durante la novela quedan despejadas.

 

 

¿Qué «me» ha fallado?

 

  • Hay un momento en el que aparecen dos cicatrices idénticas. Al principio pensé que podían ser la misma persona pero inmediatamente lo descarté. Creo que debería eliminarse la primera que aparece, o cambiarse de lugar, porque salvo confundir al lector de mala manera no va a ningún sitio más.
  • Y una cosa de la que no tiene la culpa el autor (de la anterior creo que tampoco): la maquetación del libro en digital es pésima. Los lectores nos merecemos un respeto y que nos vendan un producto de calidad.

 

 

Se llamaba Manuel es una novela que he disfrutado muchísimo leyéndola (aunque algunas situaciones me han enervado y sacado de mis casillas),  con una trama formada por tres historias paralelas muy bien trenzada, con un ritmo ágil, con una prosa cuidada y elegante, con una intriga que se mantiene durante toda la novela, y un desenlace honesto pero redondo.

 

 

Empeñarse en vivir o empeñarse en morir. En eso consiste la vida.

 

 

¿La has leído? ¿Te ha gustado? Cuéntanos tus impresiones.

 

 

 

Autor

 

Víctor Fernández Correas (Saint-Denis, Francia, 1974)  Nació en los alrededores de París, aunque se siente extremeño por tres costados —verato, por simplificar— y conquense por el cuarto. Como periodista, lleva más de quince años contando qué pasa en el sector de las Tecnologías de la Información.

Como autor, hasta la fecha ha publicado La tribu maldita (2012) y La conspiración de Yuste (2008) y ha participado en la antología Cervantes tiene quien le escriba (2016).

Le interesa especialmente la Historia y es colaborador de la Red de Rutas Europeas del Emperador Carlos V. Aspira a seguir escribiendo sin dejar de divertirse haciéndolo.

 

 

Datos del libro

 

 
TítuloSe llamaba Manuel
AutorVíctor Fernández Correas
EditorialVersátil
Primera edición21 mayo 2018

 

 

 

 

 

 

Resumen
Fecha
Título libro
Se llamaba Manuel (Víctor Fernández Correas)
Valoración
51star1star1star1star1star

Lectora compulsiva y bibliófaga. Correctora en lectorcero.com

Creo que parte de mi amor a la vida se lo debo a mi amor a los libros.

Que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena.

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