Opinión personal

 

 

Aunque empecé a leer Los señores del humo de Claudio Cerdán el mismo día que se publicó, la aparqué porque tenía la cabeza muy espesa y a la novela al principio cuesta cogerle el tranquillo. 

 

 

Recuerdo que tuiteé diciendo que el estilo me recordaba mucho al de James Ellroy y el autor me contestó que esa era su intención. Que Cerdán no tenía que confirmarme nada, porque he leído todo lo que se ha publicado del americano y es inconfundible: tantos focos narrativos como protagonistas, un estilo telegráfico (con frases cortas, contundentes y rotundas, economizando medios porque lo que le interesa es el impacto en el lector), una prosa descarnada y dura, sin adornos ni artificios, y unas historias negras no, negrísimas.

 

 

Porque Los señores del humo es una novela negra de las auténticas, casi podríamos considerarla un prototipo del género más puro: investigador privado, narcos, proxenetas, prostitución, drogas, asesinatos, venganzas, mafias… Y, obviamente, muchísima crítica social, porque sin esto no hay novela negra que valga.

 

 

Reconozco que es una novela negra no apta para todos los públicos: es sórdida, brutal, con un realismo crudo, durísima, pero no solo por lo que leemos, también por lo que intuimos, que es aún peor, y porque es la vida misma.

 

 

Pues bien, aquí quería hacer un inciso (o alegato, o llamadlo como queráis), porque estoy hasta la punta del cuerno del unicornio de leer tonterías. Nos estamos acostumbrando a llamar novela negra a cualquier cosa, solo es necesario que haya un muerto (o dos o dieciocho), para que la cataloguemos así. Y cuando nos topamos con una como Los señores del humo algunos critican el lenguaje soez que el autor pone en boca de algunos personajes. ¿Nos hemos vuelto todos locos o qué? ¿Cómo queréis que hable un exnarco mexicano? ¿Y un exmilitar de la guerra de Afganistán? ¿Como si fueran hermanitas descalzas? Que algunos diréis que es que yo hablo así, pero no, es que ese el lenguaje que pide esta historia no otro. Que ya está bien de dictaduras de lo políticamente correcto, del buen rollito y del bienquedismo.

 

 

Creo que el problema es que estos lectores que se quejan es porque conocieron a Cerdán en El club de los mejores y ese no es Cerdán, ya os lo garantizo. Voy a ir más allá. Mi teoría es que esa fue una novela de encargo para luego poder echar el resto en esta y demostrarnos de todo lo que es capaz (repito, eso es lo que pienso yo basándome en casos que conozco de otros autores de un prestigio similar). También otro problema (más gordo si cabe, porque ese sí que es grave) es la falta de bagaje lector. Que no solo de novedades vive el hombre, que hay que ampliar horizontes y leer a los clásicos, y Ellroy, por ejemplo, lo es.

 

 

 

 

¿Qué me ha gustado?

 

 

 

  • El título y el juego de palabras que hace entre los que nos venden humo (no hace falta ser multimillonario, basta con tener poder, porque eso es lo que da la impunidad) y lo importante que era que se permitiese fumar para que Eurovegas se construyese en Alcorcón. Soy fumadora y tengo que salirme a la calle a hacerlo, pero me hubiese parecido indecente que el Gobierno de la Comunidad de Madrid hubiese transigido solo para llevarse su «tres por ciento».

 

 

 

  • La estructura: un prólogo, seis partes y un epílogo, todos titulados, que son introducidos por unas «sentencias» que nos deberían hacer pensar y meditar.

 

 

  • Como ya he adelantado, el homenaje que el autor rinde a Ellroy, tanto en los cambios del punto de vista del narrador como en estilo. Además, hay guiños a personajes de obras de otros autores, como el Torca de Leandro Pérez y el Botas de Gómez Escribano, o darle a una asesinada los apellidos de una escritora.

 

 

 

  • Que aunque todos los hechos que aparecen en la novela son ficticios, igual que los personajes, podemos identificar a muchos fácilmente. La mención del ático de Ignacio González es para aplaudir hasta que nos sangren las manos.

 

 

 

  • El autor, con un gran dominio de la técnica, consigue engarzar fácilmente las historias de los tres personajes protagonistas, que se desarrollan en paralelo durante una parte de la novela, y que en principio parece que no tienen nada que ver, hasta convertirlas en una historia única que conforman una trama muy bien hilvanada y muy sólida.

 

 

 

  • Con unos personajes muy creíbles, con un estilo muy cinematográfico y muy visual, y con un ritmo que va de menos a más, el autor consigue una novela negra que nos envuelve desde el principio hasta el final, para llegar a un desenlace redondo.

 

 

 

  • Los personajes son completamente humanos, poliédricos, impredecibles. Un expolicía reconvertido en detective privado (Faura) marcado por una tragedia; un narco que salió huyendo de México porque lo perseguía un cártel (Aldo) y un excombatiente de la guerra de Afganistán (C.J.). He conseguido empatizar con Faura y con C.J. y me ha desquiciado los nervios Aldo, pero porque estaba completamente girado de la cabeza, tenía el cerebro hecho papilla. Y me ha gustado muchísimo el personaje de Cristina, una secundaria de auténtico lujo que ha humanizado mucho a C.J.

 

 

 

  • El desenlace, a pesar de que acabo de decir que es redondo, a mí no me ha gustado nada, yo hubiese preferido otra corbata (como dice Sabina), pero reconozco el mérito del autor y su coherencia. Es más. De tan previsible como era al final me ha terminado resultando completamente sorprendente. Lo tenía delante de mis narices, lo he visto venir desde el principio y he pensado: «Venga, Montse, que es demasiado obvio, te estás equivocando». Me quito el sombrero por la forma de tomarme el pelo y de quedarse con el personal.

 

 

 

  • No puedo dejar de mencionar lo bien documentada que está y la facilidad con la que el autor cambia de registro según el personaje que habla. Aldo habla con mexicanismos, C.J. algunas veces utiliza el inglés… y así sucesivamente. Aquí debería hablar del «lenguaje soez», pero creo que ya ha quedado suficientemente claro el tema y mi opinión al respecto.

 

 

 

  • También la certera ambientación, con unos escenarios fácilmente identificables para cualquiera que conozca Madrid (incluso aparece la capital del sur, mi pueblo, y su respectiva cabeza).

 

 

  • La crítica social, parte fundamental de toda buena novela negra que se precie, que planea en todas y cada una de las páginas de la novela. Cerdán no deja títere con cabeza, y lo mismo te habla del 15 M, que de los recortes en sanidad y su privatización, de los ERES, de la prostitución, de las mafias del tráfico de personas, del terrorismo yihadista… Pero mención especial merece cómo nos enfrenta a la realidad de los sintecho, y que entre ellos hay personas  que una vez pertenecieron a la clase media y que por culpa de una sucesión de reveses en la vida se han visto abocados a esa situación. Que no todos son drogadictos que «se lo han buscado», que cada persona es un mundo y hay que conocer la realidad de cada uno en concreto.

 

 

 

  • Porque en Los señores del humo averiguar quién es el asesino en serie que va sembrando Madrid y sus alrededores de cabezas cortadas es la excusa de la que se vale Claudio para destapar todas las miserias que se esconden bajo la aparentemente impecable fachada de una gran ciudad, empezando por la inmoralidad y la indecencia de los políticos que nos desgobiernan, enfangados hasta las cejas en la podredumbre de la corrupción.

 

 

  • Para finalizar, una puntualización: la mejor novela negra no viene del frío. Tenemos un montón de autores en nuestro país haciendo literatura de este tipo de una gran calidad; solamente tenemos que tener la suerte de poder descubrirlos. Y os garantizo que Cerdán es uno de ellos.

 

 

 

¿Qué «me» ha fallado?

 

 

  • Aunque el autor, como casi todos, se toma algunas licencias, ha habido un detalle (que no puedo contar para no destripar la novela) que me ha chirriado muchísimo. Es una chorrada, lo sé, pero es un tema que no solo conozco, sino que domino, y eso que Cerdán cuenta no tiene ni pies ni cabeza ni fundamento. No afecta demasiado a la trama y por eso solo le quito media estrella. 

 

 

 

Resumiendo, que dice el Maestro: Los señores del humo de Claudio Cerdán es una novela negrísima, sórdida, de un realismo descarnado, una historia muchísimo más que recomendable. 4,5 ⭐️

 

 

 

Autor

 

 

Claudio Cerdán (Yecla, 1981) es escritor de novela negra. En su palmarés destacan el Premio Novelpol a la Mejor Novela Negra de 2012 y el I Premio de Novela Ciudad de Santa Cruz. Además, ha sido finalista, entre otros, del Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón, el Valencia Negra y el Pata Negra otorgado por la USAL.

Su última novela lleva por título El club de los mejores (2016), firmada con el seudónimo Arthur Gunn. Sus libros se han publicado con éxito en España, Argentina, México y Francia. En la actualidad reside en Suecia.

 

 

 

Datos del libro

 

 

 
TítuloLos señores del humo
AutorClaudio Cerdán
EditorialEdiciones B
Primera edición9 mayo 2019

 

 

 

 

 

 

Puedes encontrar a Montse Martín en Lector Cero. Si quieres un informe literario o una corrección de tu novela, puedes contactar con ella aquí.

 

 

Resumen
Fecha
Título libro
Los señores del humo (Claudio Cerdán)
Valoración
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