Opinión personal

 

 

Llegué a esta novela por pura casualidad. Estaba esperando que me subiesen un libro y me encontré con esa flor en la portada y me llamó la atención. El autor me quería sonar, pero no recordaba de qué. Me fui a mirar la sinopsis y entonces descubrí que era el de La última confesión del escritor Hugo Mendoza. Lo descargué al momento y ya no pude soltarlo hasta que lo acabé. 

 

Por casualidad pero no por culpa mía, porque cuando yo «peiné» las plataformas para hacer las entradas de novedades este libro no aparecía porque no estaba previsto. Y es que el 7 de marzo ganó el Premio Azorín de Novela. Ya conocéis todos mi opinión sobre los premios, así que no voy a repetirme. Y eso no quiere decir que este libro no sea merecedor de uno, porque lo es.

 

Mientras leía iba comentando por Twitter lo que me estaba riendo con las salidas de algunos personajes. Blanca me daba la razón. Algunos me comentabais que la portada no daba esa sensación, pero yo tuiteaba sobre lo que estaba sintiendo. Pero llega un momento en que el libro da un giro de 180º y lo que antes eran risas se convierte en una historia sórdida y oscura que en algunos momentos me ha estremecido por su dureza. Paso a contaros mis impresiones.

 

En La silueta del olvido conocemos a la inspectora del Cuerpo Nacional de Policía Claudia Carreras, que lleva tres años trabajando en Valencia, ciudad a la que huyó desde Madrid para olvidar una tragedia personal.

 

Junto con su equipo se tiene que enfrentar al secuestro de una adolescente, Lara Valls, hija de un prestigioso médico.

 

Cuando los secuestradores se ponen en contacto con la familia para pedir un rescate a través de un periodista, nuestra protagonista se da cuenta de que nada es lo que parece.

 

Por otro lado, ese periodista, Héctor Santos, un carroñero sin escrúpulos, está haciendo un reportaje sobre Matías, un profesor que está en estado vegetativo por culpa de una negligencia médica.

 

Y hasta aquí puedo leer…

 

 

¿Qué me ha gustado? 

 

  • Las carcajadas de la primera parte no están pagadas. Cuánto se agradece reírse mientras se lee y que pocas veces se consigue. Además, las otras dos partes también tienen algunos ratos de humor y esa facilidad para pasar de lo alegre al infierno en un segundo es digno de tener en cuenta; una contraposición entre la risa y el dolor fabulosa.

 

 

  • El inicio de los capítulos y las escenas relatados por un narrador testigo, que nos va  describiendo el escenario como si de una voz en off con una cámara se tratase. Eso facilita que visualicemos todo perfectamente y que la novela se convierta en muy cinematográfica.

 

 

  • Tiene una trama que me ha parecido ingeniosa y muy bien construida, uniendo las dos historias, que aparentemente no tenían nada que ver, como si de las piezas de un puzle se tratara con la precisión de un relojero.

 

 

  • Joaquín Camps consigue mantener bien el suspense durante toda la novela y tiene algunos giros argumentales magistrales.

 

 

  • Que aunque es una historia sórdida y dura y algunas escenas son bastante difíciles de digerir, las descripciones tan vívidas son necesarias para que entendamos todo y para que consigamos ponernos en la piel de los personajes.

 

 

  • La manera de contarnos la investigación. No siempre acompañamos a los policías en sus averiguaciones y cuando no lo hacemos nos enteramos primero del resultado y después de cómo han llegado hasta allí, por lo que vamos de sorpresa en sorpresa.

 

 

  • La multitud de guiños que aparecen salpicados a lo largo de toda la novela, tanto literarios como de otros tipos. No los voy a mencionar porque ya lo hace el autor en los agradecimientos de su novela: «Al escribir este libro he contraído multitud de deudas. Enumero a continuación a mis acreedores». Pero siendo la semana que es no pasaré por alto a Juego de Tronos  😜. 

 

 

  • Las reflexiones interiores de todos y cada uno de los personajes, que son las que nos sacan más de una carcajada o sonrisa. Y estas reflexiones son las que nos facilitan que los conozcamos a la perfección. Porque lo que nos cuentan a nosotros son sus verdaderos pensamientos, no la cara que muestran al exterior.

 

 

  • Los flashbacks de Claudia por los que nos enteramos de qué le pasó en Madrid y por qué está en Valencia. Es la propia Claudia la que va desgranando poco a poco su historia de amor con Tomás y lo que le sucedió con él, y eso la humaniza y nos permite empatizar más fácilmente con ella.

 

 

  • Los personajes están llenos de matices, de luces y de sombras, son muy humanos y muy cercanos. Claudia, nuestra policía protagonista, es una mujer con una tragedia detrás, pero no está atormentada y ahí se sale de los clichés del género. Su compañero, Ramón, es un subinspector que se relaja tricotando. El comisario, un caimán de moqueta como los llamaba mi primer jefe, un tipejo que ni es policía ni es nada, solo un individuo que quiere trepar sin importarle cuántas cabezas tenga que pisar. Héctor, el periodista, un carroñero de la noticia que ha terminado sorprendiéndome. Cristina Manuela, la madre de Lara, una pija hipermegasuperosea de manual, porque no hay nada peor que un pobre convertido en nuevo rico de la noche a la mañana. Y ese Tano, un policía fascista, machista, racista y homófobo, no le falta un detalle como podéis comprobar, y que también ha terminado… Tendréis que leerlo para saber la continuación.

 

 

  • Un desenlace que es una auténtica justicia poética. No puedo más que darle las gracias al autor por brindarnos un final para brindar (y perdonadme la redundancia).

 

 

 

¿Qué «me» ha fallado?

 

 

  • Está claro que algo me ha fallado, chirriado o descolocado para no tener 5 estrellas con todas las maravillas que estoy diciendo de La silueta del olvido y de su autor. Claudia tiene una cicatriz en una pierna desde los quince años que hace que cojee cuando se pone nerviosa. Dudo mucho que alguien pueda pasar las pruebas médicas del Cuerpo Nacional de Policía con algo así. Aquí dejo lo que pone en la página web: «Otras exclusiones médicas: Alteraciones del aparato locomotor que limiten o dificulten el desarrollo de la función policial, o que puedan agravarse, a juicio del Tribunal Médico, con el desempeño del puesto de trabajo. (Patología ósea de extremidades, retracciones o limitaciones funcionales de causa muscular o articular, defectos de columna vertebral y otros procesos óseos, musculares y articulares)». Afortunadamente, ese «pequeño detalle» lo he obviado y he podido disfrutar de la novela sin que me estuviese martilleando constantemente.

 

 

 

Resumiendo, que dice el Maestro: la mayoría conocéis a Joaquín Camps porque La última confesión del escritor Hugo Mendoza fue un pelotazo. Pues bien, a mí me ha gustado infinitamente más La silueta del olvido. No me preguntéis el motivo, aunque todo apunta a esa contraposición de pasar de la risa al llanto sin solución de continuidad, a que la trama me ha parecido inteligente y bien construida, manteniendo bien el suspense y con giros magistrales, una historia sórdida y dura con un desenlace que es pura justicia poética. Muchísimo más que recomendable. 4,5 ⭐️

 

 

 

Es el tiempo de la tolerancia, la relativización, la concordia…, y si los hechos entran en conflicto con mi ideología, neguemos los hechos. Es el tiempo de los gilipollas.

 

 

Autor

 

 

 

Joaquín Camps es profesor de la Universidad de Valencia, ciudad en la que reside. Su campo principal de investigación y docencia es el comportamiento humano en las organizaciones, y ha publicado numerosos trabajos científicos en esta área. 

La última confidencia del escritor Hugo Mendoza es su primera novela.

 

 

 

Datos del libro

 

 

 
TítuloLa silueta del olvido
AutorJoaquín Camps
EditorialPlaneta
Primera edición9 abril 2019

 

 

 

 

 

Resumen
Fecha
Título libro
La silueta del olvido (Joaquín Camps)
Valoración
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