Opinión personal

 

Hace unos días Carmen, la adminstradora de Libros en mi biblioteca,  tuiteó: «Al bloguero literario: no me cuentes de qué va el libro, cuéntame qué te ha parecido, qué te ha hecho sentir, con qué has disfrutado o qué te ha sobrado. Háblame de ti leyendo ese libro, no necesito un resumen; para eso, ya tengo a la editorial y su estupenda página». 

 

 

En los tiempos que corren, en los que todos tenemos la piel demasiado fina, me pareció una opinión muy valiente. Considero que los blogueros tenemos que intentar transmitir las sensaciones que nos ha producido un libro (tanto buenas como malas) y evitar hacer resúmenes (que para eso ya está la sinopsis). Los que nos leen y se fían de nuestro criterio es porque les contamos qué hemos sentido, cómo lo hemos pasado leyendo (que no siempre se pasa bien) y por qué consideramos que un libro puede o no gustar a otros lectores como nosotros.

 

 

Todo esto viene a que me resulta muy difícil reseñar El chico de las bobinas de Pere Cervantes que será, con casi total seguridad, el libro más duro que lea este año. Y eso a pesar de que este 2020 llevo ya tres en los que se habla explícitamente del abuso a menores, así que imaginaos lo durísima que es esta novela. Y no solo por lo que cuenta, que es mucho, sino también por lo que insinúa, que lo convierte en aún más difícil de digerir (por ejemplo, la escena en la notaría es… no tengo palabras para expresar lo que he sentido).

 

 

Así que intentaré contaros lo mal que lo he pasado leyéndola, que he tenido que descansar cada poco tiempo porque no aguantaba tanto dolor (y uno de mis escritores de cabecera es Víctor del Árbol, que no es que yo esté acostumbrada a leer Heidi) y que, a pesar de todos los hándicaps con los que partía, ha superado con creces mis expectativas, aunque al final no haya sido para mí un novelón (precisamente por el final).

 

 

Pero, sobre todo, viene a que, aunque yo no soy cinéfila (entendido como alguien que ve muchas películas al cabo del mes) esta novela me ha transportado a la época en la que yo veía películas con mi padre (él sí que es un gran entendido del séptimo arte) y cómo me inculcó esa pasión que él sentía viendo algunas de las cintas que aparecen en la novela (aunque yo la haya perdido con el paso de los años). Y cómo me contaba que para ellos el cine en aquellos momentos era el único refugio que tenían, lo único que les hacía soñar y dejar volar su imaginación. Nil ha tenido durante toda la lectura la cara de ese niño que un día fue mi padre y que, obviamente, yo solo he visto en fotos, pero que puede ser cualquier niño que viviera en esa época. Y por eso tal vez, aunque no me gustan los niños como protagonistas en las novelas, me he encariñado con Nil casi desde el primer momento, porque para mí no era Nil, era D, ese joven en bicicleta que mi padre fue antaño.

 

 

Con un estilo directo y con un lenguaje cuidado, también me ha hecho viajar hasta la Barcelona de la posguerra y respirar el mismo aire que los protagonistas, por un lado personas rotas pero con los principios intactos y, por otro, individuos sin escrúpulos que se aprovechaban vilmente de ellos.

 

 

Estructurada en cuatro partes que se desarrollan en 1945, 1947, 1949 y 2021, y utilizando un narrador equisciente en tercera persona para las tres primeras y un narrador personaje para la última, la novela nos cuenta la historia de Nil y cómo su vida da un vuelco cuando en el portal de su casa un hombre a punto de morir le entrega un cromo mientras menciona el nombre de su padre. Nil piensa que el cromo es la clave para saber dónde se encuentra su progenitor y hará todo lo posible por descifrar ese misterio. 

 

 

Vamos al lío:

 

 

¿Qué me ha gustado?

 

 

  • Yo ya había leído a Pere Cervantes anteriormente, pero esta novela nada tiene que ver con lo que había publicado. Los dos libros protagonizados por Roberto Rial y María Médem me gustaron mucho, más aún Tres minutos de color (en el que mezcla con gran acierto las experiencias cercanas a la muerte y la novela negra), pero con esta se ha superado. Tanto que si sumo dos y dos (cambio de editorial incluido) mi cabeza me lleva a pensar que… y hasta aquí puedo leer, porque no tengo pruebas aunque sí muchos indicios.

 

 

  • Precisamente porque ya conocía a este autor es por lo que he leído esta novela, porque tenía muchos puntos en su contra: como ya he adelantado, no me gustan los niños como protagonistas; no me gusta la Barcelona de posguerra (porque me duele más leer una obra ambientada allí en esa época que en Madrid, será porque en mi cabeza Barcelona siempre es una ciudad llena de color); los espías me hacen muy poca gracia; estoy saturada de novelas de nazis (¡ojalá se acabe pronto este año, qué hartura de aniversarios!)… Como veis, la novela partía con negativos, así que su nota es más elevada de lo que parece a simple vista.

 

 

  • La imposibilidad de etiquetar esta novela. Para mí tiene de más de histórica que de negra, aunque tiene muchos ingredientes de esta última y de las novelas de espías. Pero la ficción histórica y cómo retrata de una manera casi costumbrista la sociedad de la época está por encima de cualquier otro elemento.

 

 

  • En El chico de las bobinas Pere Cervantes nos relata, entre otros, un hecho terrible y prácticamente desconocido de la posguerra: la impunidad de los nazis que vivían en nuestro país amparados por el régimen franquista y la red de espías que creó aquí la Gestapo. Porque otra cosa no, pero el golpista que nos gobernó durante más de cuarenta años sabía arrimarse al sol que más calentaba en cada momento con una pasmosa facilidad. También nos habla sobre la represión política de la época (que no solo se mató durante la contienda) y el tráfico ilícito de obras de arte del expolio a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Enfrente, los maquis, los republicanos de la resistencia que luchaban a un lado y otro de la frontera. 

 

 

  • Pero, por encima de todo, es una novela sobre la fortaleza de las mujeres (hay un momento en el que se dice, más o menos, que el hombre siempre ha destruido y la mujer construido), unas mujeres que tuvieron que sacar adelante a sus familias e intentar paliar la miseria provocada por ellos con una guerra. Mujeres solteras, mujeres viudas, mujeres abandonadas… en un mundo por el que tendrían que pasar muchísimos años para que asumiera que la mujer no tiene por qué estar supeditada a un hombre para sobrevivir. Que ella sola se basta y se sobra para ser el «cabeza de familia» y salir adelante. 

 

 

  • El oxímoron de algunos nombres, como Víctor Valiente, uno de los antagonistas más cobardes con los que me he topado en un libro. O Margarita Viejo, en el que he visto un homenaje a Rita Cansino. 

 

 

  • Con una trama muy bien construida, muy sólida, el ritmo es medio, pero la manera de escribir del autor, como si fuésemos viendo las escenas a través de una cámara sentados en esos cines que él homenajea en la novela, consigue subyugarnos. Porque El chico de las bobinas es una novela muy visual y muy cinematográfica, pero con la fotografía en tonos grises o sepias, sin color, tan gris como el ambiente en el que se desenvuelven nuestros protagonistas. Porque aunque el cine es una «Gran Mentira», junto con la lectura es el mejor medio de evadirse de esa realidad tan oscura que los acompaña y que ensombrece todo. 

 

 

  • De esta manera, con el cine y Nil como hilos conductores, el libro se convierte en una especie de documental en blanco y negro, un docudrama, una crónica veraz y realista a la vez que dramática y sórdida de la sociedad barcelonesa de la época, extrapolable a la de cualquier gran ciudad española del momento. 

 

 

  • Que no le ha temblado la mano a la hora de hacernos sufrir matando a personajes con los que ya nos habíamos encariñado. Aunque cuando ha sucedido me he acordado de toda su parentela, analizándolo desde fuera aplaudo su valor.

 

 

  • Que tampoco se ha cortado al describirnos escenas de tortura, muy necesarias para entender el contexto y, sobre todo, la evolución de uno de los personajes. 

 

 

  • Los cliffhangers con los que cierra algunos capítulos, que son soberbios: «Ignorando que lo peor estaba por llegar». ¿Qué haces cuando lees algo así? Pues muy sencillo: continuar leyendo para saber qué pasa con nuestros personajes.

 

 

  • Los personajes son redondos, magistrales, a pesar de que en algunos momentos no huye del maniqueísmo (y hasta eso lo hace bien). El protagonista, Nil, es un niño que conocemos el mismo día en el que cumple trece años  y que perdió un brazo en un bombardeo de la aviación italiana. Soledad, su madre, una mujer a la que la guerra le ha arrebatado a una hija y a su marido (porque aunque no esté muerto no vive con ella), es una mujer fuerte que no se arredra ante nada; trabaja en una carpintería y, además, hace todo lo necesario por sacar adelante a su hijo. Víctor Valiente, el antagonista, un policía sin escrúpulos obsesionado con el padre de Nil y con Soledad; uno de los «mejores» malos malísimos con los que me he topado; le he deseado la peor de las muertes una y mil veces, y ni siquiera cuando he conocido el porqué de su actuación he conseguido empatizar un poquito con él. Y un elenco de secundarios de auténtico lujo: Lolita, Joan, Paulino, Bernardo, Bonifaci, Leo…  

 

 

  • La ambientación es una maravilla, con una Barcelona gris o en blanco y negro, con unas descripciones de la ciudad de la segunda mitad de los cuarenta fabulosas que consiguen que podamos pasearnos por sus calles y edificios (gracias a una ardua labor de investigación Cervantes nos pasea por lugares «históricos» de la ciudad, algunos desaparecidos y otros que todavía siguen en pie). Además, podemos ver el odio rezumar, y sentir unas atmósferas interiores tan espesas y asfixiantes como la situación exterior, en la que el miedo que tan bien supieron manejar los políticos de la dictadura lo impregna todo, el miedo a que alguien te delatase por dinero, porque le caías mal o porque tenía alguna cuenta pendiente contigo.

 

 

  • El desenlace, exceptuando el epílogo, magistral, porque no siempre los cuentos que yo cuento acaban fatal. 

 

 

 

¿Qué «me» ha fallado?

 

 

  • Me ha sobrado el epílogo. Por esa cuarta parte no me ha parecido un novelón El chico de las bobinas. No necesitaba saber más ni que hubiese otro homenaje al cine, porque considero que ya lo es toda la novela. 

 

 

 

 

 

Nuestras principales limitaciones son aquellas que se agazapan en los miedos y no en las carencias físicas.

 

 

Soledad, querida, pensaste esto en el año 1947. No creas que hemos evolucionado tanto como tú esperabas: 

 

 

Estaba segura de que los tipos como don Aurelio o el propio Valiente eran fruto de una sociedad enferma incapaz de ver a la mujer como a un ser igual a ellos. Soñaba con que algún día sus nietas pudieran vivir sin que el ser mujer supusiera una causa de discriminación y se sintieran libres de vestir, hablar y actuar como les diera la gana sin consecuencias y, sobre todo, sin miedos. 

 

 

Resumiendo, que dice el Maestro: El chico de las bobinas de Pere Cervantes es una novela inetiquetable, donde se dan cita (y se fusionan con total naturalidad) elementos de la novela histórica, del género negro y de las novelas de espionaje, con una trama muy bien armada y sin ninguna fisura, con unos personajes inolvidables y un final (si descartamos el epílogo) soberbio. Más que recomendable: 4,5 ⭐️

 

 

 

Autor

 

 

Pere Cervantes (Barcelona, 1971) es escritor. Licenciado en Derecho por la UAB, fue Observador de Paz para la ONU en Kosovo y para la Unión Europea en Bosnia-Herzegovina.

Es autor de las novelas Rompeolas (2013), No nos dejan ser niños (2014), La mirada de Chapman (2016), Tres minutos de color (2017) y Golpes (2018); las dos últimas han recibido respectivamente el Premio de Novela Cartagena Negra en 2018 y el Premio Letras del Mediterráneo 2018 a la mejor novela negra.

El chico de las bobinas es su nueva novela y ya cuenta con varias traducciones internacionales, entre las que destacan las de Alemania e Italia.

 

 

 

Datos del libro

 

 
TítuloEl chico de las bobinas
AutorPere Cervantes
EditorialDestino
Primera edición3 marzo 2020

 

 

 

Puedes encontrar a Montse Martín en Lector Cero. Si quieres un informe literario o una corrección de tu novela, puedes contactar con ella aquí.

 

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