Impresiones de lectura

 

 

En este segundo acercamiento a la poesía, me detengo en un poemario de la autora francesa Hélène Laurent, con la que mantengo una estrecha relación desde hace más de una década. Una mujer luchadora, emprendedora, inteligente, amante de la belleza, poeta… Este poemario muestra, sin estridencia, aspectos de su biografía que provocan en mí sentimientos enfrentados cada vez que lo atravieso. Las impresiones de lectura que siguen son (fueron también en su día) compañía de, y para, las palabras de Hélène.

 

Tic, tac, tic, tac

(no quiero que tus miedos dibujen barrotes

ni tener que soñar con tus límites)

 

 

Qué rara soy, que no soy nadie, 

que no soy aquí, que no soy (…)

Te imagino suficiente para oír el mar 

en esta caracola hueca.

Yoanna M.

 

Tic, tac, tic, tac… 

 

Cuando Fernando Pessoa escribió: «moverse es vivir, decirse es sobrevivir», no podía imaginar que un día  Hélène Laurent escribiría Diario poético de una cautiva, un poemario que ilustra a la perfección sus palabras. En este libro, la autora «dice» la experiencia de un sujeto poético confinado física y psicológicamente; una mujer que sufre una condena («¡siete años!») de la que dan cuenta las palabras, las imágenes y unos márgenes-barrote a modo de calendario de preso que cuenta los días para la libertad: Un muro que dilata, más aún, la distancia, física y mental, entre el exterior y el interior. Una cortina de metal, con las grietas suficientes para que el polvo filtre la luz, es el único contacto con el mundo; la única puerta de acceso a una misma cuando los pensamientos vienen martilleados por el reloj de pared que clava cualquier sueño a tierra. Por esta razón, nuestra autora, como Alejandra Pizarnik, parece escribir para que no le suceda (otra vez) lo que teme, para que lo que le hiere no sea (más).

 

Tic, tac, tic, tac… 

 

En la primera parte, el yo «sobrevive», por eso «se dice». La escritura, única catarsis viable, es la forma de conservar la identidad en un mundo hostil. Solo en la segunda parte (treinta minutos y una caja de cartón) será posible batir las alas y alzar el vuelo, aunque eso suponga llevar medio cadáver colgando en la espalda. A partir de este momento el sujeto poético «se mueve, vive», y los poemas avanzan al revés: del 10 al 0 (siendo el 0 una página en blanco para el lector). El cambio duele, y el desasosiego desata todas las preguntas («¿quién soy?, ¿a dónde voy?, ¿y si brota la bestia de Kafka…?»), al tiempo que pone orden en el caos y permite construir una vida a partir de cenizas (polvo y ceniza) para, como el Fénix, resurgir, metamorfosearse, volar: hubo que morir para salir del letargo.

 

Tic, tac, tic, tac…

 

En Diario poético de una cautiva, al igual que le sucediera a Amina Saïd y a otras mujeres poetas, Hélène Laurent encuentra el Lugar donde decir YO; un yo que escribe desde lo vivido, con palabras que suenan a verdad, a pesar de que Pessoa sostenga que el poeta es un fingidor, pues la verdad se impone aquí sin estridencias: la poeta ofrece el verso reservándose la herida, tal y como dijera Gloria Fuertes. Nada es fingido más allá de los límites que todo hecho literario y vital conlleva: «la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla» (Gabriel García Márquez).

 

Tic, tac, tic, tac…

 

La estructura, las ilustraciones, las palabras interactúan generando una sensación de bucle, de círculo (el final es el principio). Pero no es un círculo lo que el libro dibuja, a pesar de abrirse y cerrarse con «los mismos» elementos visuales y escriturales. Es una espiral. El paso de «una vida sin hacer», del primer poema, a «tu vida sin hacer», del último, es sustancial. La que, cautiva, anulada por las punzantes palabras inútil y maligna, cucaracha, etc., se consideraba nadie en un primer momento, despierta más tarde sabiendo que «es primavera»  y que puede sentir el pálpito de la tierra y el trino de las aves.

 

Tic, tac, tic, tac… 

 

La poeta se acompaña de palabras-cómplices, palabras-aliadas para mostrar cómo el sujeto poético escapa de un encierro castrante. Consigue, así, ponerse en la piel de muchas mujeres que sufren situaciones similares y que, tal vez, encuentren en este libro la fuerza necesaria para dejar de ser la mariposa que revolotea alrededor de una bombilla, para saltar del tren en marcha, y pisar la hierba descalzas. La poesía también es esto: testimonio, compromiso. 

 

Tic tac tic tac

(no soñaré más… me cansé de ser 

el fantasma errante que habita tu casa)

 

Autor

 

 

Amante de la palabra habitada por imágenes. Especialista en Artes Escénicas. Fundadora y administradora de La Poesía no muerde, comunidad artística que promueve la creación conjunta y el intercambio creativo desde especialidades, estéticas y sensibilidades distintas. Aficionada a la fotografía. Participó en las publicaciones colectivas Poesía en la distancia («A tu encuentro» y «Al final poesía») con poetas del panorama nacional. Segunda finalista del premio de poesía social de Léon, finalista de los concursos «De lo que pasa entre versos» y «Un poema en ochenta días» a lo largo del 2015.

Antes que artista me considero «Apasionada por la humanidad», tengo cierta debilidad por las personas, no puedo evitar observar y analizar en la distancia, intentar situarme un instante bajo la piel de otro y que este anónimo se convierta en un nuevo mundo que explorar o inventar, un mundo de pensamientos, sentimientos y vivencias, compartidas o no, que puede acabar cobrando vida a través de un poema, una imagen, un caligrama, o incluso un personaje teatral.

Siento que el Arte no deja de ser un viaje constante y bidireccional entre el individuo y lo universal, que la belleza se sitúa tanto en lo que nos une como en lo que nos separa y que a veces hace falta un «tú» en el camino para llegar a un «yo» más profundo.

 

 

 

Datos del libro

 

 

 
TítuloDiario poético de una cautiva
AutorHélène Laurent
EditorialLulu.com
Primera edición27 julio 2017

 

 

 

 

Resumen
Fecha
Título libro
Diario poético de una cautiva (Hélène Laurent)

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