Impresiones

 

Hay libros que  llevan lejos

 

Agosto. Abro el buzón de casa. Dentro, paciente -sé que lleva varios días ahí-, un libro con ropaje verde que la poeta toledana María Antonia Ricas me ha enviado. Es un libro de poemas con prosas y versos.

 

Conozco a María Antonia desde hace varias décadas, pero no nos hemos encontrado hasta la publicación de su poemario Salir de un Hopper (pintor americano por el que ambas sentimos admiración), hace aproximadamente tres años.

 

La producción de María Antonia Ricas es extensa, así como su incursión en el terreno del arte. Cuando sonríen, título del libro mencionado, viene a sumarse a otros libros realizados en colaboración con artistas. 

 

Hoy te invito a desplazarte (viajar) por las páginas que María Antonia Ricas y José Antonio G. Villarrubia comparten, páginas en las que se con-funden lo evocado, lo pintado, lo dicho y lo que «no se dice».   

                                                                                                                                                                                                                                             

Viaje a través de la palabra y la pintura

 

Leer a María Antonia Ricas supone estar dispuesto a viajar más allá de los libros, más allá de las palabras propuestas, más allá de los textos (prosas o versos) con los que genera universos de gran plasticidad desde una aparente sencillez. 

 

Su cuidada utilización del lenguaje, ese acercamiento natural al arte (en todas sus manifestaciones), así como su amor a la naturaleza son ingredientes propicios para «contar», desde «las huellas del pasado», cuanto acontece aquí y ahora, en la escritura y fuera de ella.

 

No es la primera vez que María Antonia Ricas escribe desde la pintura para abordar temas diversos: en Salir de un Hopper trataba un tema tan complicado como el de la ausencia, el dolor, la pérdida de un ser querido… Tampoco es la primera vez que trabaja mano a mano con artistas plásticos (pintores, ceramistas, fotógrafos). Ya antes nos había regalado El Cretense, con Pablo Sanguino, Cielos de Toledo, o ese libro fascinante, titulado La mirada escrita, publicado en 2018 en colaboración (ambos) con el fotógrafo Ricardo Martín García. Me atrevería a decir que en él (en ellos) estaba ya la semilla de Cuando sonríen, el libro que hoy te propongo, en el que María Antonia une su palabra a la paleta de José Antonio G. Villarrubia, pintor acuarelista toledano que, entre sus exposiciones, cuenta con títulos como Oppidum o Cuadernos de Pompeya y Herculano. No es de extrañar que ambos hayan decidido fusionar sus trazos para llevarnos hasta un lugar en el que dioses y hombres se encuentran, se miran, se interpelan… Un lugar donde la sonrisa de unos pone de manifiesto la fragilidad de los otros. 

 

Pinceladas para un viaje que cada lector ha de realizar solo

 

En este libro, palabra e imagen dialogan y se cuentan sin estridencias en el deseo de rescatar un tiempo y un espacio que, habiendo ya sido, sigue siendo aún. Poeta y pintor consiguen que un mundo distante sea interpretado como próximo gracias a una fusión sin fisuras.

 

A Cuando sonríen llegamos de la mano de Tales de Mileto (Todo es animado y todo está lleno de dioses), el filósofo y matemático griego que quiso explicar racionalmente los fenómenos de la naturaleza, separándose así del enfoque mitológico tradicional que había caracterizado a la cultura griega arcaica.

 

Y, junto a Tales de Mileto, Lucano (Los hombres temen a los mismos dioses que han inventado), el sobrino de Séneca que, al igual que su tío, se formó en la filosofía estoica y en las artes. Ambos nos ponen en contacto con un tiempo y unos lugares en los que la figura de los dioses jugaba un papel importante en el devenir de los días y en las acciones de los hombres; unos tiempos en los que divinos y mortales «se escuchaban e interactuaban». De la mano de ambos, Mª Antonia va abriendo puertas para introducirnos en una realidad con tintes paradójicos: ajena a nosotros y, sin embargo, muy próxima, pues todo cuanto acontece ahí nos concierne…

 

Ya nada tiene relevancia

 

Que el primer poema del libro esté dedicado a un «Sátiro danzante», el sátiro de Mazara del Vallo, fielmente reproducido por José Antonio, no deja de tener su interés a la hora de situarnos como lectores ante las decisiones de la poeta. El sátiro, esa criatura masculina a la que se atribuye un desmedido apetito sexual, y que en la mitología griega acompañaba a Pan y a Dioniso vagando por bosques y montañas, nos pone también en contacto, a través de su danza desenfrenada en honor al dios del vino, con los tiempos convulsos que vivimos, con la prisa y el desapego de las cosas que nos invade y atenaza por momentos. Política, Sociedad, Religión… Vivencias personales… todos los posibles planos están en este libro de «dioses y humanos», de vencedores y vencidos, de triunfos y derrotas, de luces y sombras… 

 

A partir de aquí, todo es posible

 

«Como ya nada tiene relevancia», primer verso del libro, es toda una declaración de intenciones. A partir de ahí, todo es posible y, entre el primer poema y el último, veremos desfilar, bajo los nombres de diosas y dioses, de lugares y de frutos cargados de fuerza y simbolismo (uvas, granada, higos),  de citas de autoridades como Eurípides, Vernant, Banville, etc., todo el espectro representativo de una civilización antigua que, como si de un espejo se tratase, nos devuelve el reflejo, la imagen de la nuestra. Vemos  desfilar, muy cerca, a la muerte:

 

Sabemos/ que muere quien se muere/ desde dentro hacia fuera

 

Hay esa pena y esa rabia/ en el llanto primero/ llegando con hambre a la madre / y respirando con dolor.

 

Se va apenas estando. / Ahora ya se ha ido.

 

Las guerras, las interiores y las otras:

 

No te atreves a preguntarle ni por tu hermana, ni por tus padres, ni por los que se derraman aquí, en Yemen, aquí, en Siria, en los otros planetas de esta tierra.

 

Las violaciones, esa tristeza de Melpómene. Todo un apartado dedicado a la mujer, desde el «Acrolito de Deméter»:

 

La Doncella, la Hija, ahora olvida la violación de su inocencia; olvida que en la oscuridad hay un poder tan peligros que es más prudente no nombrarlo.// Violada y más que herida, no sabía morir…

 

Los miedos, las diferencias, tantos horrores que nos asedian cuando nos sabemos abandonados a nuestra suerte (en el mar, en tierra, cerca o lejos de casa…) mientras que los que observan, los que sonríen antes de abandonarnos, suelen otorgar un breve presente, una indulgencia efímera.

 

Todo ello, desde las momias de Al-Fayum en las que podríamos reconocernos; y desde máscaras, dioses y diosas necesarios para mostrar el despliegue de recursos utilizados por la poeta hasta llegar al último poema-síntesis que da cabida a «las miserias» que han desfilado por el libro, pues quedan ya lejos, si es que han sido, los tiempos de la llanura de Mekone, ese lugar de Grecia cercano a Corinto, en el que dioses y hombres conviven… Es una edad dorada en la que los hombres y los dioses no están separados… Es la paz, un tiempo antes del tiempo… Los hombres no solo comparten el festín de los dioses sino que desconocen esos males que afligen hoy a la raza de los mortales… (Jean Pierre Vernant). 

 

Hipocresía, cinismo, engaños, mentiras…. Hay que resistir, y para resistir hay que conocer Selinunte, ciudad de Sicilia, la ciudad de los templos griegos, rescatada en la escritura: el lugar donde es evidente la devastación, la muerte… Donde podremos, no obstante, afirmar que somos libres. Ahí donde, mitad dioses mitad humanos, advertimos las limitaciones que nos dan forma, que nos con-forman y la ruina de todo, incluidos el lenguaje, la poesía… 

 

Más allá del libro

   

Cuando sonríen es un libro que hay que explorar ligero de equipaje y sin tiempo, a fin de perderse en él y viajar a cuantos lugares señala. Explorar sabiendo que adentrarnos en el pasado nos permite conocer mejor nuestro presente. 

 

Después de leer este libro, después de conocer las luces y las sombras de ese «Duomo de Siracusa» representado por Villarrubia, podremos apreciar mejor ese algo como de niebla sagrada/ de mujer (hombre) resistiendo. Pues de eso se trata, de resistir en un entorno hostil en el que las jerarquías imperan y los poderosos oprimen al resto… 

 

las cosas sucedían simplemente. Había errores, malas pasadas,

 torpeza o falsedad, pero jamás culpa (Susana Constante)

 

Silencio. No diré nada más. Eres tú, lector-lectora, quien has de hacer el viaje solo y descubrir la «noticia» que encierra cada texto. Pues cada fragmento es un pedazo de realidad que, contemplada a la luz del pasado, parece agitar o  «cauterizar» el presente.

 

¡Oh dioses! En las noches serenas yo he escuchado, lleno de ansias, el ruido que nos llega de los cielos, desde donde sin cesar baja la canción de las estrellas, tan dulcemente que confundimos sus voces con el silencio (Thódore de Banville).

 

Habrás de salir del libro en numerosas ocasiones para acudir a los lugares de esta historia, Historia, lugares lejanos que, sin embargo, te habitan desde siempre, pues [están] más  alejados que la Voyager 1 pero clavando en tu corazón la desmesura.

 

Al sostener que existen los dioses, ¿no será que nos engañamos con mentiras 

y sueños irreales, siendo que solo el azar y el cambio mismo 

controlan el mundo? (Eurípides)

 

 

Nota

 

[Leyendo este libro de María Antonia Ricas pienso en otro libro que tengo ahora entre manos y que también nos pone en contacto con tiempos lejanos que, no obstante, son el nuestro, tiempos a los que nos dirige la cita que da entrada al libro (Levítico XXIII, 43) y que dice: Para que sepan vuestros descendientes que en cabañas hice yo habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto.  El libro del que hablo es Cabañas en el desierto, de la uruguaya Teresa Shaw, publicado por la editorial Animal sospechoso el pasado 29 de abril de 2019, aniversario de la poeta argentina Alejandra Pizarnik (1936-1972). Al igual que María Antonia, Teresa nos pone en contacto con hechos remotos que resultan cercanos porque, como dice Misael Ruiz Albarracín, «las cosas, los acontecimientos, más que en su vivencia cobran consistencia en su evocación por la memoria». ]

 

 

 

Autor

 

 

María Antonia Rica es una escritora y profesora toledana. A lo largo del tiempo ha dirigido o intervenido en numerosos homenajes, ciclos poéticos, programas radiofónicos culturales, talleres de literatura, antologías, etc. Colabora en ABC Castilla-La Mancha, ARTE&LETRAS, y en otras publicaciones periódicas.

Entre sus obras: Fuera de sí la rosa (1990), premio R.Tagore.; El libro de Zaynab (1992), premio Rodrigo de Cota; Idolatrías (1996), premio Oliver Belmás; Jardín al mar (2004), premio Nicolás del Hierro; Conectada (2012); El cretense (2013); Salir de un Hopper (2016); La mirada escrita (2018); Invisible en la piedra (2018), etc.

 

José Antonio G. Villarrubia es un pintor acuarelista toledano. Sus últimas exposiciones individuales han sido: Oppidum, Sitio Histórico Santa María de Melque y Praga y Nápoles, El Antojo (2009); FLEURS, Galería Armas 51 (Toledo, 2011); Biblioteca Regional de Castilla-La Mancha (2013); El tiempo de los vencejos, Galería Armas 51 (2014); Cuadernos de Pompeya y Herculano, Archivo Provincial de Toledo (2015) y Septiembre, Galería Armas 51 (2019).

 

 

 

Datos del libro

 

 

 
TítuloCuando sonríen
AutorMaría Antonia Ricas y José Antonio G. Villarrubia
EditorialCelya (Generación del Vértice)
Primera edición30 julio 2019

 

 

Resumen
Fecha
Título libro
Cuando sonríen (María Antonia Ricas y José Antonio G. Villarrubia)

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