Impresiones de lectura

 

 

La lectura de hoy me lleva directamente al Cielo de Javier Lostalé. Un poeta madrileño de la generación de los 70, a la que pertenecen poetas de la talla de Luis Alberto de Cuenca o Luis Antonio de Villena… y también, es de ley decirlo, poetas tan grandes como Juana Castro, Ana Rossetti, o Blanca Andreu, por citar solo a algunas. 

 

Hasta vosotros hoy llego

 

Siempre he creído que dos personas destinadas a encontrarse, se encuentran. Hace muchos años, yo seguía a Javier en el programa LA ESTACION AZUL. Más tarde, en 2005, me puse en contacto con él para informarle sobre la realización del «VIII encuentro de mujeres poetas» que iba a tener lugar en Vitoria-Gasteiz. Y hace tres años coincidimos en Pravia, en un encuentro de escritores. Está claro que Javier y yo hemos ido recortando distancias, estábamos destinados a encontrarnos. Finalmente, ha sido su Cielo el que ha nos ha reunido. 

 

Como ya habéis podido intuir, mis impresiones de lectura precisan hoy de algunos datos que van más allá del libro mencionado. 

 

Al Javier Lostalé poeta lo conocí en 2002, fue entonces cuando empecé a leerle. Mi primer libro suyo fue La rosa inclinada (2002, Calambur) que Javier me dedicó en Pravia. Recuerdo haber subrayado algunas palabras que, ahora, al leer Cielo han vuelto a resonar en mi cabeza: «la memoria es la palabra del silencio, el paisaje de lo que se desvaneció…, todos somos en el filo de nuestra». (p.334)

 

Desde que Javier hiciera su primera incursión en el mundo literario en 1971, concretamente en Espejo del amor y de la muerte, antología prologada por Antonio Prieto y en la que Vicente Aleixandre incorporaba unas palabras sobre los jóvenes poetas de entonces, ha pasado mucho tiempo y unos cuantos libros, en concreto ocho poemarios: La rosa inclinada, ya mencionado, Hondo es el resplandor, La estación azul, Tormenta transparente, El pulso de las nubes, etc. y, cómo no, Cielo.

 

CIELO es un título regalo de la poeta Pureza Canelo, en vez del previsto «Borrado y celeste» que permanece en el libro como título de uno de los poemas, el que dice entre otras cosas: 

 

Borrado y celeste  

tu final esperas en claro latido de sombras, 

redimido por el hondo saber 

que alcanza quien nunca fue reconocido.

 

Al Cielo de Javier llegamos de la mano de Manuel Altolaguirre: … cielo interior en que guardo astros de un mundo completo. Y antes de llegar a los poemas, el autor nos regala un texto titulado «Consumación» que es en sí mismo una síntesis del libro: es extinción, es acabamiento, es conclusión, donde habla de la escritura de este Cielo suyo utilizando una fórmula reconocible por los lectores de poesía, que dice: La escritura de este cielo, amigo lector… llegó a borrar el tiempo y los momentos en que fue practicada. «Amigo lector». (Quién no recuerda aquellos versos que abren Las flores del mal).

 

El Cielo de Javier se situaría a medio camino entre el cielo plomizo de Baudelaire y esos otros cielos más diáfanos de autores como Eloy Sánchez Rosillo, entre otros.

 

Quien haya escuchado a Javier en la radio, sabe que es alguien que ama profundamente la poesía, la palabra poética. También sabe de su generosidad a la hora de compartirla con los demás. De él dicen, entre otras cosas, que no ha tenido el reconocimiento que su obra merece; que, alejado de las tendencias de cada época, ha sabido construir una voz personal, altamente poética: poesía necesaria, sobre todo en estos  tiempos de «apariencias» que estamos viviendo.

 

Cielo, según Javier, y según Diego Doncel, autor del epílogo del libro, forma una trilogía o un tríptico «del despojamiento» con las dos obras anteriores: Tormenta transparente y El pulso de las nubes. Es, así lo veo yo, como una despedida, la de ese ser que en El pulso de las nubes decía ya:

 

Hasta vosotros hoy llego

tan indigno que no merezco

ni el sonido de mi nombre.

Ya mi vida es una sorda y ciega transparencia

donde se deshabita el mismo olvido 

A vosotros hoy os convoco

para todavía suplicaros

una última mirada piadosa,

consciente de que víctima de mi propia soledad

sustituí el temblor por la mentira de un sueño,

frío esqueleto de niebla de unas cuantas monedas.

En el largo camino sin nadie de mi vida

vuestras sombras me acusan

con el puñal de plata de su mirada fija,

y por su filo resbalo hacia el rostro desierto

de lo que nunca alumbré.

Allí me detengo para besar la nada,

y abrazado a su corazón de ceniza

un instante amanecer,

antes de la oscuridad definitiva,

iluminado por vuestro perdón.

 

 

Lo dice Javier en «Consumación»: «La desaparición existe en Cielo, un impulso al borramiento como entrega a lo que ya no tenemos o nunca tuvimos, pero en lo que realmente fuimos y somos».

 

La poesía de Javier habla de amor y, cómo no, de desamor, de la pérdida, del tiempo, la soledad, la vida y la muerte. Deja en sus versos una parte de él. Su poesía es «profundamente humana (Diego Doncel) y, en sus mejores momentos, con una dimensión metafísica desde lo carnal». Nunca pierde de vista las cosas del mundo. Cree que la poesía ha de ser un lugar de resistencia frente a las grisuras de la vida y, por supuesto, un acto de redención. Algo que comparto con él.

 

En los poemas de Cielo «llega muy hondo ese buscarse en la memoria, esa reflexión sobre la identidad, que siempre es una forma de amor» (Doncel), lo que nos lleva, una vez más, a esas palabras de La rosa inclinada sobre la memoria que señalé más arriba: «la memoria es la palabra del silencio, el paisaje de lo que se desvaneció…todos somos en el filo de nuestra memoria». (p.334)

 

Cielo contiene las palabras que permanecen después de expurgar las palabras; palabras desnudas, justas, necesarias para que el lector reciba poesía parida desde la entraña, poesía vivida, no palabras saltarinas. Solo así Lostalé puede lograr eso que decía Victor Hugo: «un poeta es un mundo encerrado en un hombre». 

 

Les invito a leer este Cielo, un libro que me ha permitido conocer a su autor en las distancias cortas y confirmar (otra vez) que vida y poesía son, en algunos casos, lo mismo.

 

Autor

 

 

Javier Lostalé es poeta, periodista y crítico literario. Figuró en la antología prologada por Vicente Aleixandre Espejo del amor y de la muerte (1971).

Es autor de siete libros de poemas: Jimmy, Jimmy (1976; 2000), Figura en el Paseo Marítimo (1981), La rosa inclinada (1995), Hondo es el resplandor (1998; 2011), La estación azul (2004; 2016), Tormenta transparente (2010) y El pulso de las nubes (2014); y del libro de reflexión literaria Quien lee vive más (2013).

Su obra está recogida en varias antologías, la última de ellas Azul relente (2014).

Ha sido reconocido con los premios Nacional de Fomento a la Lectura y Francisco de Quevedo.

 

 

Datos del libro

 

 

 
TítuloCielo
AutorJavier Lostalé
EditorialFundación José Manuel Lara
Primera edición13 febrero 2018

 

 

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