Opinión personal

 

 

 

Conocí a Manuel Ríos San Martín a finales de 2016 cuando se publicó en digital su novela Círculos. Y hago hincapié en lo de digital porque tardaron más de un mes en sacarla en papel, algo que a mí me sorprendió bastante y que me llevó a pensar que no era una apuesta segura para la editorial. El motivo no lo entendí en su momento, porque con un personaje como el de Shultheiss nada podía salir mal (¡Pero si llegamos a tuitear con él!), pero yo no soy nadie para meterme en decisiones editoriales.

 

 

Todo esto rollo viene a que con La huella del mal la editorial, el autor y algunas fundaciones como Atapuerca han tirado la casa por la ventana. Tanto es así que hace menos de una semana Miguelón me dijo unas cosas maravillosas por Twitter y yo, tan metida estaba en la novela, que  no me planteé en ningún momento que estaba hablando con el cráneo humano mejor conservado del mundo. 

 

 

Tenía ganas de volver a leer algo de Ríos San Martín y este libro tenía claro que no me iba a sacar de mi zona de confort ni me iba a sacudir como Círculos, porque si hay algo que me gusta especialmente, por encima de todas las cosas menos del arte, es la historia de la evolución humana (Mar, esos «monitos» sobre los que seguimos leyendo todo lo que cae en nuestras manos). Recuerdo que hace muchísimos años yo me enfadaba cuando otros paleoantropólogos ponían en cuestión los árboles filogenéticos de Arsuaga y el equipo de Atapuerca.

 

 

Por cierto, como curiosidad, Juan Luis Arsuaga fue el primer autor que me firmó en una Feria del Libro de Madrid. Así que este libro lo tenía todo para encantarme y ya os adelanto que así ha sido.

 

 

 

¿Qué me ha gustado?

 

 

  • Lo primero el título, que entendemos cuando vamos avanzando en la lectura: esa «huella del mal» que parece que todos llevamos en nuestro ADN pero que solo unos pocos ponen en práctica. La violencia ha existido desde siempre, desde el principio de los tiempos, pero ¿qué lleva a un hombre a convertirse en un asesino? Hay pruebas y registros arqueológicos de que ya se mataba en la Prehistoria y seguimos haciéndolo. La violencia es innata al ser humano y será la que haga que nos extingamos como especie, porque cualquier sentimiento  (la venganza, los celos, la envidia, la ira…) puede despertarla.

 

 

 

  • Es una novela muy didáctica y se palpa en cada palabra que el autor se ha documentado mucho. Pero en ningún momento hace alarde de ello y todos los conceptos y la terminología quedan muy claros. Hay un diálogo entre dos protagonistas en el que uno menciona el «dimorfismo sexual» y el otro le pregunta si se refiere a la diferencia entre los dos sexos. Así es como se debe escribir una novela para que esté al alcance de todos los públicos, sepan más o menos de una materia determinada.

 

 

 

  • Que nos ha intercalado los sucesos que ocurrieron seis años antes en la cueva de El Sidrón para que conozcamos qué ocurrió en aquella investigación y qué les sucedió a Silvia y Daniel, nuestros protagonistas, para que se rompiese su relación personal. También hay capítulos que están contados por los antiguos pobladores de Atapuerca, lo que hace que algunas escenas sean especialmente crudas.

 

 

 

  • El manejo del cambio del punto de vista del narrador (en este caso uno en tercera persona cuasi omnisciente) y cómo consigue con eso generar tensión en el lector. Sobre todo cuando nosotros empezamos a descubrir cosas que los protagonistas ignoran. Esa intriga y esa tensión consigue mantenerla durante toda la lectura y la incrementa considerablemente al final.

 

 

 

  • Que tiene una trama muy bien construida, muy sólida, sin dejar ningún cabo suelto ni darnos información accesoria. Las descripciones y los diálogos están muy bien equilibrados, lo que consigue que el ritmo no decaiga en ningún momento.

 

 

 

  • Aunque este ritmo no es rápido durante gran parte de la novela, la manera de escribir del autor, como si fuésemos viendo las escenas a través de una cámara sentados en un cine, consigue subyugarnos.

 

 

 

  • Me ha gustado que en el libro se hable de otras novelas ambientadas en la Prehistoria, como las de Auel o las de Henares, ambos escritores de novelas también muy divulgativas como lo es La huella del mal.

 

 

 

  • Porque aunque al principio la lista de sospechosos es reducida, poco a poco va aumentando igual que lo hacen nuestras dudas: el novio, el hermano, trabajadores de Atapuerca, el sospechoso del asesinato de El Sidrón que en su momento se les escapó… No se salva nadie. 

 

 

 

  • Todas las cuestiones de tipo ético, moral y filosófico que nos plantea la novela, y cómo el autor consigue relacionar todos estos temas en la actualidad y en el pasado remoto: el bien, el mal, la religión, la muerte, la violencia, la bondad, el sexo e, incluso, el canibalismo, son algunas de las preguntas que se plantean algunos de los protagonistas y que obtienen respuesta por parte de ellos mismos o de sus interlocutores. El ser humano no ha cambiado tanto como especie desde su aparición y seguimos cometiendo los mismos errores.

 

 

 

  • Sobresale por encima de todos ellos el tema del miedo a la muerte y su consecuencia lógica, la religión, y si es posible que nos convirtiéramos en humanos como tales en el momento en el que empezamos a sentir ese temor y comenzamos a adorar a fuerzas superiores para poder entenderla y canalizar ese miedo.

 

 

 

  • El elenco de personajes que aparecen en la novela, todos magníficamente perfilados. Desde los protagonistas a los secundarios todos están caracterizados a la perfección y todos tienen sus luces y sus sombras, son muy creíbles y muy humanos. Diferente es que yo haya conseguido empatizar con ellos, porque me ha costado mucho que Daniel me cayese bien y por Eva, la asesinada, no he conseguido sentir pena en ningún momento. Y eso es mérito del autor, que los ha dotado de vida y han dejado se ser personajes para convertirse en personas de carne y hueso. Me ha gustado mucho el trío formado por Silvia, Daniel y Rodrigo, y deseo que esta novela (que es autoconclusiva, no os asustéis) sea la primera de una serie.

 

 

 

 

  • Aunque la novela comienza con el asesinato de Eva, a ella la llegamos a conocer más que a ningún personaje de los que aparecen en el libro. Terminamos sabiéndolo todo sobre su vida y he dejado de empatizar con ella cuando he tenido claro cómo era en realidad.

 

 

 

  • Me suelen molestar las escenas de sexo en novelas de este tipo porque generalmente me sacan de la historia, pero aquí las que hay las he visto muy procedentes, muy elegantes y muy necesarias. Me explico: si en la novela planean cuestiones morales y filosóficas de todo tipo, el sexo es una parte fundamental en la evolución de la especie y en su perpetuación. Y no podemos dejar al margen el concepto de la utilización del sexo como arma de poder (o de sometimiento en muchas ocasiones).

 

 

 

  • La ambientación es uno de los grandes aciertos de la novela. Las descripciones que hace de la Sierra de Atapuerca en su conjunto logran que nos paseemos con él de la mano por la Gran Dolina, la Sima de los Huesos, la Trinchera del Ferrocarril o la Sima del Elefante. Y el autor aprovecha, cada vez que introduce una nueva ubicación, para contarnos qué se descubrió en cada sitio y cuándo. Instructiva y didáctica también, no se le puede pedir más a una historia.

 

 

 

  • El desenlace es el lógico cuando lo tenemos delante de nuestras narices, pero os garantizo que es de la única persona que no había sospechado durante toda la lectura. 

 

 

 

Resumiendo, que dice el Maestro: una novela que sería incapaz de clasificar porque podría encuadrarse en un montón de géneros (desde la negra por los temas tratados, a policiaca por la investigación, con toques de ficción histórica…), con un ritmo que va in crescendo, con unos personajes de carne y hueso (que presiento que han venido para quedarse, porque no aprovechar a Silvia, a Daniel y a Rodrigo sería un delito), con una forma de narrar muy didáctica y muy visual, y con un desenlace inesperado pero coherente en todos sus aspectos. Una historia donde nada es lo que parece, un cóctel de investigación policial, historia, ciencia, arte, arqueología, filosofía… mucho más que recomendable 4,5 ⭐️

 

 

 

 

A algunos seres humanos les encanta jugar a ser Dios. Y esos son los humanos más peligrosos.

 

 

 

 

Autor

 

 

 

Manuel Ríos San Martín (1965) es licenciado en Ciencias de la Información y ha trabajado en importantes productoras de televisión como Globomedia, BocaBoca y Diagonal, en las que ha ejercido de productor ejecutivo, director o guionista de diversas series y miniseries de televisión.

Ha participado, entre otras, en Médico de familia, Menudo es mi padre, Compañeros, Mis adorables vecinos, Soy el solitario, Raphael, Rescatando a Sara o Sin identidad. Ha coordinado y coescrito el libro El guion para series de televisión y es autor de la novela Círculos. Ha dirigido el largometraje No te fallaré.

Actualmente trabaja con la productora BTF Media, para la que está desarrollando un biopic sobre el cantante Joaquín Sabina que dirigirá Fernando León de Aranoa.

La huella del mal es su proyecto más personal.

 

 

 

Datos del libro

 

 

 
TítuloLa huella del mal
AutorManuel Ríos San Martín
EditorialPlaneta
Primera edición4 junio 2019

 

 

 

 

Resumen
Fecha
Título libro
La huella del mal (Manuel Ríos San Martín)
Valoración
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