Impresión personal

 

El Departamento Q tiene que investigar cinco desapariciones ocurridas el mismo día del año 1987. Aparentemente no existe ninguna relación entre ellas, hasta que Rose consigue establecer una conexión entre  todas.

 

Pero, además, Carl empieza a darse cuenta de que está siendo víctima de un complot en el caso de la «pistola clavadora» que casi le cuesta la vida, en la que murió uno de sus compañeros y su íntimo amigo Hardy terminó postrado en una cama de por vida.

 

¿Quién está detrás de esas misteriosas desapariciones? ¿Qué intereses ocultos esconde un partido político de ultraderecha que tiene cada vez más seguidores en Dinamarca?

 

Como siempre recomiendo cuando se trata de una serie, de las que soy una adicta sin redención, es preferible leerlas ordenadamente, para conocer la vida de los protagonistas principales, los miembros del Departamento Q, pero son libros autoconclusivos, con la excepción de una subtrama que nos acompaña desde el primero y que lo va a seguir haciendo hasta que el señor Adler-Olsen decida tener a bien que se resuelva el asunto de la «pistola clavadora».

 

A pesar de que El mensaje que llegó en una botella no me hizo mucho tilín, posiblemente porque no era su momento para que lo leyera, no me resisto a pasar un rato estupendo con los diálogos que mantienen Carl y Assad, y a echarme unas buenas risas, que nunca vienen mal. 

 

Estos diálogos, junto con la caracterización de los personajes son lo más logrado, y eso que el argumento suele ser muy bueno, porque cuando piensas «ya está», el autor se saca de la manga un golpe de efecto y te quedas con cara de boba pensando: «¿y cómo no me he dado cuenta antes?». Será que no doy para más.

 

Ambientada en Copenhague y en otras ciudades danesas, la novela está estructurada en un prólogo (que se desarrolla en 1985), cuarenta y seis capítulos (en 2010, que es el presente, en 1987 y en 1955) y un epílogo (también en el presente); finalmente, la historia de la isla de Sprogø.

 

Escrita en tercera persona, con un orden cronológico discontinuo, con constantes saltos espacio-temporales, con un estilo conciso y ágil, en el que se mezclan a partes iguales narración y diálogo, la trama está muy bien hilvanada, uniendo perfectamente la historia pasada con la presente, que a la vez se va bifurcando en varias, hasta formar un todo lógico.

 

El ritmo, muy rápido gracias a la ruptura del hilo temporal, con la intercalación de capítulos pasados y presentes, al corte de las escenas en lo más interesante y a una intriga que se mantiene sin altibajos durante todo el libro, se vuelve vertiginoso en las últimas páginas, por la utilización de algunos giros inesperados magistrales.

 

Si las tramas de este autor son buenas, los personajes son únicos: Carl, Assad y Rose, los miembros del Departamento Q, no tienen desperdicio. 

 

    • Carl, el jefe, cayó en desgracia cuando en un «asunto» fue herido de gravedad, uno de sus compañeros fue asesinado y el otro quedó tetrapléjico (el tema de la «pistola clavadora», que  imagino que el autor algún día se dignará a contárnoslo paso por paso y a aclarárnoslo entero). Separado de Vigga, una mujer que está como una auténtica regadera, vive con su hijastro, con Hardy (su compañero tetrapléjico) y con Morten, un inquilino que colecciona muñequitos. Experto en saltarse las normas de sus superiores, es un solitario, tiene un carácter un poco difícil, es sarcástico y mordaz, y un vago de cuidado; pero, curiosamente, nada le atormenta. Está enamorado de Mona, su expsiquiatra.

 

    • Assad, un sirio que no es policía, del que ignoramos todo (pienso que seguramente pertenece a algún servicio secreto o algo similar); habla mal el danés y cuando se expresa utiliza mucho «o sea» y «entonces»; y como no vienen a cuento siempre te saca una sonrisa. Forma un tándem perfecto con Carl y los diálogos que mantienen entre ellos son divertidísimos.

 

    • Rose, la secretaria, con una personalidad disociativa. Generalmente viste de negro (como si fuese un cuervo, en palabras de su jefe), pero algunas veces aparece su hermana gemela, Yrsa, que es mucho más dulce que ella y más comedida en su vestuario. Es un genio investigando (me la imagino como mi queridísima Penélope García, pero sin ese manejo del ordenador).

 

Los espacios y ambientes bien conseguidos, aunque no son importantes para el autor ni necesarios para que nosotros nos metamos de lleno en la novela, que se sustenta en un buen argumento y en unos protagonistas redondos.

 

El desenlace es inesperado, insospechado y de infartarse, por un giro argumental que el autor se saca de la chistera cuando ya pensábamos que el caso estaba resuelto; si engancha desde el principio, los golpes de efecto que da de vez en cuando nos van envolviendo cada vez más, hasta convertirla en adictiva.

 

Pero… el libro trata un tema bastante duro, que me ha tenido enervada hasta el final, que me ha hecho maldecir, blasfemar en arameo y kswajili, y chillar. Es más, lo estaba leyendo cuando me llegó La reina descalza, y lo dejé a medias, no porque tuviese unas ganas infinitas de ponerme con el de Falcones, que también, pero más porque estaba pasándolo mal, porque la historia de la  isla de Sprogø y el discurso del líder del partido ultraderechista me superaba, fundamentalmente porque hay veces que me planteo si esas cosas que nos cuentan como ficción pueden estar sucediendo realmente ahora.

 

También nos interesan los nacimientos en los grupos sociales más bajos y débiles. Porque los niños nacidos de padres socialmente desfavorecidos causan, en general, ya sea porque han nacido con taras mentales, se han convertido en adictos a las drogas o están genéticamente predispuestos a tener comportamientos asociales, gran parte de los problemas que debemos soportar a diario en el país, y que además cuesta miles de millones de coronas.

 

Y para finalizar: ¿os suena esto de algo?:

 

Los días felices en que los ministros de Economía pensaban con el culo y los bancos con el bolsillo interior no había pasado del todo.

 

 

Autor

 

 

Jussi Alder-Olsen (Copenhague, 1950) fue editor de comics y redactor de revistas antes de empezar a escribir en 1995. 

Ha vendido un millón de ejemplares de los cuatro títulos de la serie del Departamento Q en Dinamarca, y ha recibido el premio Glass Key en 2010 y el prestigioso De Gyldne Laurbær, entre otros.

Los títulos de esta serie son: La mujer que arañaba las paredes, Los chicos que cayeron en la trampa, El mensaje que llegó en una botella y Expediente 64.

 

Datos del libro

 

 

 
TítuloExpediente 64
AutorJussi Adler-Olsen
EditorialMaeva
Primera edición15 febrero 2013
SerieDepartamento Q

 

 

 

 

 

Esta reseña se publicó originalmente el 27 de febrero de 2013 en el blog Con el alma prendida a los libros (ya cerrado). Como no quiero perder las entradas ni las sensaciones que me dejaron las novelas reseñadas allí, la recupero en esta web sin moverle ni una coma.

 

 

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