Ricardo Blanco

José Luis Correa

Quince días de noviembre

A sus 44 años, Ricardo Blanco ha conseguido encauzar una vida sin norte montando en su ciudad, Las Palmas de Gran Canaria, una agencia de detectives con la ayuda del dinero de un amigo.

El encargo que le hace una bella mujer de investigar el aparente suicidio de su novio lo sumergirá en dos mundos seductores pero al cabo peligrosos: los bares, los cruceros y las fiestas de los niños bien de Las Palmas, con su insultante vocación de impunidad; y la atracción fatal de su clienta, María Arancha, que amenaza el aparente desapego emocional del detective.

Concebida siguiendo los cánones de la novela y el cine negros, llena de referencias a sus correlatos de ficción, Quince días de noviembre constata sin embargo a cada paso la distancia que existe entre este mundo soñado y la realidad de Las Palmas. Pero, al igual que los detectives de ficción, Ricardo Blanco también tiene claro que a veces es necesario saltarse la ley para que prevalezca la justicia.

Muerte en abril

 

A Mario Bermúdez, un tipo oscuro y pusilánime, nadie le echó de menos cuando desapareció, un viernes de abril. Por eso su cadáver estuvo tres días descomponiéndose en el cuarto de baño. Por eso no hubo quien le explicara al inspector Álvarez qué hacía bajo la ducha con un sostén de encaje color teja y bragas y liguero haciendo juego.

Pero cuando al viernes siguiente aparece otro hombre con los mismos síntomas de asfixia y también vestido de mujer, y más tarde otro, toda la ciudad de Las Palmas se conmueve.

Y la clave parece tenerla una joven asustada que recurre los servicios de Ricardo Blanco para que este demuestre su inocencia.

Así, siguiendo un accidentado camino de rivalidades y pasos en falso, el inspector Álvarez y el detective tendrán que colaborar para resolver un caso especialmente peligroso.

Muerte en abril es la segunda novela de Ricardo Blanco, el detective canario amante del jazz, las mujeres, el cine y la novela negra, que está destinado a ocupar un lugar destacado en la literatura policíaca en lengua española.

Muerte de un violinista

Muerte de un violinista se inicia con la súbita muerte del primer violín de la Filarmónica de Nueva York durante un concierto en el Auditorio de Las Palmas.

La trascendencia internacional del caso y la necesidad de una gran discreción hacen que la policía recurra a los servicios del detective Ricardo Blanco para investigar lo que resultará ser un asesinato.

Las sospechas se centran pronto en torno a uno de los miembros más recientes de la orquesta, la viola canadiense Juliette Legrand.

Sin embargo, a medida que va escarbando en su pasado, Blanco se sentirá irremediablemente atraído por ella, lo que le producirá más de una complicación.

En esta entrega se descubren nuevos datos sobre el pasado y la personalidad de Blanco, un detective privado poco convencional, amante del jazz y la buena literatura.

Estos elementos, junto a un variado elenco de personajes secundarios y a un sorprendente giro final, conforman una historia que consigue mantener en vilo al lector hasta su desenlace.

Un rastro de sirena

La sirena. Un apodo atinado si no fuese tan macabro: tal y como apareció el cadáver, aquel tronco diminuto hubiera podido continuar tanto en dos piernas estilizadas y elegantes como en una cola de pez.

Un rastro de sirena es la cuarta entrega de una serie protagonizada por el detective canario Ricardo Blanco.

En esta ocasión, el cadáver de una muchacha aparece descuartizado en la playa de la Laja, en Las Palmas. Con un tatuaje y un collar como únicos elementos para desentrañar el crimen, Blanco debe adentrarse en el mundo de la prostitución y el tráfico de drogas vehiculado, principalmente, por la mafia rusa que en pocos años se ha asentado en la isla de Gran Canaria.

Correa guía al lector por los particulares y contradictorios recovecos de la vida canaria con unos personajes dinámicos a los que la trama coloca en el desfiladero.

Una novela de suspense –y también un hilarante cuadro de costumbres-, con un estilo directo y una ironía emparentada tanto con el Montalbano de Andrea Camilleri como con el Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán, rasgos con los que su autor ya se ha ganado un lugar en el panorama literario de nuestra lengua.

Nuestra Señora de la Luna

Un joven periodista que investiga el misterio relacionado con un cuadro antiguo desaparece sin dejar rastro; un peregrino, malherido y ensangrentado, es encontrado deambulando, en plena noche, por una carretera de Tafira, en la isla de Gran Canaria.

A partir de estos dos acontecimientos, en principio inconexos entre sí, da comienzo el quinto caso del detective canario Ricardo Blanco.

Curas que esconden la verdad, monjas que no son lo que parecen, extorsionadores desalmados y una pintura de arte sacro de gran valor que aparentemente nunca ha existido forman parte de una trama de corrupción en la que Blanco deberá emplearse a fondo para desenmascarar la verdad.

El lector intuitivo y sagaz, acostumbrado a las novelas de José Luis Correa hallará en Nuestra Señora de la Luna una versión más humana e íntima del detective Blanco.

El lenguaje ágil, directo, irónico, lleno de sutilezas y sentido del humor, atrapará al lector desde las primeras páginas. José Luis Correa ha logrado crear una pintura colorista del ambiente isleño con unos personajes entrañables.

Blue Christmas

El día de los Inocentes es tan buen día como otro para morir. Eso debió pensar Gervasio Álvarez cuando le dieron la noticia de la aparición de un cadáver. Andrea Mérida, viuda de militar, madre de tres hijos, pensionista, ha muerto por sobredosis de cocaína. Nadie ha oído ni visto nada.

Nadie puede explicar si la droga fue ingerida voluntaria, casual o intencionadamente. Nadie parece ganar con esa muerte. El caso es que la Navidad se tiñe de desánimo.

Por eso Álvarez decide rescatar a un buen amigo de su retiro voluntario. 

Blue Christmas supone el regreso de un Ricardo Blanco más humano, más frágil, más hondo.

Un relato, unos personajes, a un tiempo melancólicos e intensos que reflejan, como pocos, la historia de una crisis.

La sexta entrega de la saga del detective canario es, acaso, la más social e íntima de todas. Se desgranan, si no las causas, sí las consecuencias de una época comprometida y crítica: el paro, el desahucio, la soledad, la miseria. Y lo que el ser humano es capaz de hacer para salir de ellos

El verano que murió Chavela

Todos los muertos deberían valer lo mismo. Sin embargo, en tiempo de crisis hay muertos y muertos. Cuando aparece en un callejón de la Isleta el cuerpo sin vida de un extranjero con un agujero de bala en la nuca la policía de Las Palmas de Gran Canaria no tiene por dónde empezar.

Si, además, resulta que ese extranjero no es americano ni alemán ni inglés y que ese cuerpo no lo reclama nadie, la investigación se va ralentizando hasta casi el marasmo. Así que, tras una cena en la que la mujer del inspector Álvarez le lanza el guante, Ricardo Blanco regresa a la investigación de un crimen.

Por el camino se topará con los restos de una guerra que se remonta a veinte años atrás entre bosnios y serbios.

La identidad del muerto, la extraña voladura en una obra en construcción, la aparición de un viejo veterano del sitio de Sarajevo y la desaparición de un poeta libanés que asiste a un Congreso de Literatura son los ingredientes con los que José Luis Correa construye la séptima entrega de la saga de su detective canario.

En esta ocasión, resurge la figura de una agente de policía que colaborará en la resolución del caso. De fondo, la ciudad en agosto, el estilo socarrón y desenfadado y la forma de narrar tan personal de Correa rematan El verano que murió Chavela.

Mientras seamos jóvenes

Cuando el cuerpo sin vida de una estudiante aparece en un zaguán de Las Palmas, y el supuesto asesino solicita su ayuda, Ricardo Blanco no sabe que se enfrenta a uno de los casos más complejos de su carrera.

A medida que se adentra en la investigación, no está seguro de que su cliente se merezca el tiempo y el esfuerzo que requeriría librarlo de una condena que todos dan por segura.

En Mientras seamos jóvenes, la nueva novela de José Luis Correa, ambientada en el mundo universitario, verdades y mentiras se entrecruzan.

Los que deberían defender al sospechoso parecen empeñados en su condena y, en cambio, los que rivalizan con él proclaman su inocencia.

Las relaciones viciadas, los conflictos generacionales, las intrigas académicas dan vida a una historia que tiene los ingredientes que han hecho de Correa una de las voces más genuinas del panorama literario actual: un ritmo vertiginoso, una visión socarrona del mundo y un lenguaje poético que abren un espacio original y muy sugerente en el mundo habitual de la novela negra.

El detective nostálgico

Estamos ante una nueva novela negra de la serie de Ricardo Blanco, pero, en este curioso caso, el protagonista es también la víctima de la historia. Efectivamente, nada más empezar, el detective es atacado y herido por un desconocido en la entrada de su casa.

Ricardo Blanco ha sobrevivido pero necesita averiguar quién lo quiere muerto, a quién ha hecho tanto daño.

Empieza así un misterioso viaje por la isla de Gran Canaria, que es también un viaje interior.

La obra, que mantiene todos los rasgos de la literatura de Correa, es esta vez, más que una novela negra, una reflexión sobre la condición humana y un tratado íntimo sobre el miedo.

La noche en que se odiaron dos colores

Cuando el detective Ricardo Blanco recibe la visita de Niágara Caballero denunciando el secuestro de su padre, un fotógrafo retirado, está lejos de imaginar las implicaciones que esa desaparición lleva consigo. Comenzará una lucha desaforada por encontrar con vida a Humberto Caballero y mantener el ánimo de una hija que cada día que pasa se hunde más en la desesperanza. Lo que se inicia con una simple búsqueda deriva en una maraña de complots y desencuentros que desemboca en una guerra entre colombianos y libios. La intriga y el peligro van siempre de la mano en esta novela a través de una investigación que lleva a la Noche de Finados, la fecha en que Las Palmas de Gran Canaria, la ciudad protagonista de las novelas de José Luis Correa, podría quedar arrasada.

La noche en que se odiaron dos colores es la décima entrega de una saga donde Ricardo Blanco y un grupo de personajes reflejan la vida cotidiana y el mundo policial de una ciudad que cobra vida en estas páginas. La violencia de los acontecimientos se conjuga con el humor, la ternura y el verbo socarrón, a veces poético, de un personaje que ya forma parte de nuestro imaginario criminal.

Las dos Amelias

Cuando al detective Ricardo Blanco le proponen investigar el asesinato de una influencer en la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria, no las tiene todas consigo. Las redes sociales son un auténtico galimatías para él.

Desconocedor de ese mundo de poses, seguidores y megustas, tiene la sensación de bucear en un mar profundo y misterioso, lleno de trampas.

Las dos Amelias es un nuevo caso (ya el decimoprimero) del detective canario, que tendrá que nadar a contracorriente para desentrañar un crimen horrendo.

José Luis Correa presenta una historia ágil, electrizante, con un trasfondo de personajes oscuros y vengativos que no repararán en nada con tal de ajustar viejas cuentas.

Y, sobrevolándolo todo, la ciudad de Las Palmas, la calima, la panza de burro, la noche en las Canteras. Las dos Amelias es, más allá de una novela policíaca, una reflexión sobre las relaciones humanas, la soledad y la violencia.

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