Comisario Mancini

Mirko Zilahy

Roma, septiembre de 2008. La ciudad sufre una terrible ola de mal tiempo. Parece que toda el agua que cae torrencialmente del cielo pretende lavar el mal que hay sobre la superficie. Lejos de la gran ciudad turística y religiosa, en una Roma olvidada, aparecen los cadáveres de las víctimas de un asesino en serie.

Solo hay un hombre capaz de liderar esa investigación tan delicada: el comisario Enrico Mancini, el único policía que ha asistido a los cursos sobre perfiles criminales en la central del FBI, en Quantico.

Mancini atraviesa el peor momento de su vida, pero aun así es obligado a atrapar a «la Sombra», asesino atípico y esquivo que llena los cuerpos de sus víctimas con pistas, no para satisfacer sus instintos homicidas sino para conseguir un propósito lúcidamente maquiavélico. Todo en él tiene un significado, todo es un símbolo, y necesita una última pieza para terminar su rompecabezas: el propio Enrico Mancini.

Roma está en manos de un asesino capaz de darle forma a la oscuridad. Sus siniestras obsesiones se materializan en el rito del asesinato, sus terribles visiones se convierten en realidad a través de sus víctimas.

Porque el monstruo no se limita a matar: modela, da forma, transfigura a cada una de ellas en una criatura mitológica. Y los indicios que deja carecen de sentido aparente para quien no esté en condiciones de interpretarlos. Se necesita a un experto capaz de analizar la escena del crimen y trazar un perfil del asesino.

Mientras aparecen nuevas obras del ya bautizado por la prensa como «El Escultor» en la oscura y encantada Casina delle Civette en Villa Torlonia, en el antiguo Jardín Zoológico y en el laberinto del sistema de alcantarillado romano, el comisario Mancini es reclamado en su puesto y se verá enfrentado al desafío más angustioso y letal de su carrera… O incluso de su vida.