Agatha Raisin

M. C. Beaton

A sus cincuenta y tres años, Agatha Raisin quiere empezar de cero: ha decidido cerrar su empresa de relaciones públicas y cambiar su piso de Londres por una casita de ensueño en Carsely, un pueblo en el corazón de la Inglaterra rural.

El problema es que empezar de cero no es tan fácil: Agatha se siente sola, echa de menos su vida social londinense y, por si fuera poco, percibe que sus nuevos vecinos la tratan con una frialdad que para una mujer acostumbrada a salirse con la suya puede resultar ofensiva.

Dispuesta a hacer lo que sea por ganarse la simpatía del vecindario, Agatha decide participar en un concurso de quiches. Para asegurarse el triunfo, compra una quiche en una tienda de comida preparada de la City.

¿Qué es entonces lo peor que puede pasarle, además de no ganar un concurso dotado con un premio de diez míseras libras? Que uno de los miembros del jurado muera envenenado…

Señalada por medio pueblo como principal sospechosa, Agatha Raisin iniciará las pesquisas por su cuenta y riesgo.

Con un chasco. Así empieza la última aventura de Agatha Raisin: se ha ido a las Bahamas persiguiendo a su adorado James Lacey, pero resulta que él, quizá para esquivarla, no está en las Bahamas, sino más bien en El Cairo.

¿En qué momento se le ocurrió a la pobre Agatha dejar Londres por una vida insulsa y sin hombres en la campiña inglesa?

La llegada al pueblo de un joven veterinario suscita el interés de muchas mujeres de mediana edad… y también el espíritu competitivo de Agatha, que no dudará en llevar a su gata (sana) para que la visite.

Nuestra heroína no se irá con las manos vacías, y con­seguirá que el veterinario la invite a cenar. ¿Despertará ese logro la envidia de sus competidoras? ¿Podrá provocar los celos de James Lacey?

Agatha apenas puede saborear las mieles de su modesto triunfo: el veterinario aparece muerto en acto de servicio, justo cuando se disponía a operar a un caballo.

Convencida de que se trata de un asesinato, Agatha embaucará a James Lacey para que la acompañe en sus hazañas detectivescas…

Agatha acaba de llegar de sus vaca­ciones en Nueva York, Las Bermudas y Turquía. Se había marchado para airearse de la claustrofobia que a veces pro­voca Carsely y, ya de paso, proyectar en sus vecinos una imagen de viajera cosmopolita.

¿Le habrá echado de menos su admirado James? ¿Ha pasado algo en su ausencia? No y sí. James no la ha echado de menos y sí, ha pasado que Carsely tiene una nueva habitan­te: se llama Mary Fortune y, además de tener un tipazo, es una repostera notable y mejor jardinera. No es de extrañar que James le haya echado el ojo…

El espíritu competitivo de Agatha fanta­sea con que un nuevo crimen en los alrede­dores le permita demostrar a James su talen­to como investigadora…

Y como a veces el azar escucha las súplicas más raras, Agatha tendrá su caso: una serie de ataques violen­tos contra algunos jardines del pueblo ten­drán su culminación en un horrible asesinato.

Después de un tiempo, Agatha Raisin regresa a Cotswold, su querido pueblo en Carsely, y a los encantos de su apuesto vecino, James Lacey. La verdad es que James no parece muy encantado de verla, pero Agatha pronto encuentra distracción en un asesinato sensacional.

La víctima, que aparece semienterrada en un sembrado, es la joven excursionista Jessica Tartinck, que pasó su vida irritando a los terratenientes al reclamar sus derechos de paso.

Agatha no ceja en la esperanza de implicar al reacio James en su investigación. Hay tantas pistas a seguir… desde los compañeros de caminata de Jessica, hasta los propietarios de las tierras, todos parecen capaces de cometer un asesinato…

Por fin Agatha ha conquistado al apuesto, atractivo y enigmático James Lacey. Y no solo eso: va a llevarlo al altar. Solo un par de cosas podrían desinflar una felicidad tan gorda…

Los vecinos de Carsely tienen la mosca detrás de la oreja con la boda de Agatha: ¿por qué en lugar de casarse en la iglesia del pueblo se va a la oficina del registro civil de Mircester? Porque la funcionaria de Mircester es vieja, sorda y despistada, así que podría esquivar el papeleo y las preguntas sobre su verdadera condición…

Y es que solo Agatha sabe que no hay ninguna evidencia de que el borrachuzo de Jimmy Raisin haya muerto. ¡Solo Agatha sabe que está a punto de cometer bigamia! Lo que no se imagina es que algunas fuerzas oscuras están confabulando contra ella…

El día de la boda Jimmy aparecerá vivito y coleando. Agatha, histérica, se lanzará a estrangularlo con una mano; con la otra intentará retener sin suerte a su amado James Lacey…

Pero ahí no acaba el lío: ¿a quién acusarán de homicidio cuando al día siguiente encuentren el cuerpo sin vida de Jimmy Raisin?

Para esquivar sus embrollos emocionales, Agatha Raisin se ha dejado reclutar por su antigua firma de marketing para llevar a cabo una jugosa misión: ser la relaciones públicas de una compañía de aguas interesada en el manantial de Ancombe, el pueblo vecino de Carsely.

El consejo parroquial del pueblo se encuentra dividido entre apoyar a la compañía y permitir que extraiga agua diariamente del manantial o dejar las cosas como están…

El día que Agatha decide ir a dar un paseo hasta el manantial, da con una sorpresa: junto a la fuente está el cadáver de Robert Strutters, el presidente del consejo de Ancombe.